Síndrome de Down,compartiendo experiencias

¿Conmoción?

Mayo 8, 2009 · 2 comentarios

(Este artículo lo envía Daniela Bustos. Ella es tía de Martina(FOTO), y Educadora Diferencial        ¡Gracias por compartir con nosotros tu experiencia!)

 La teoría, eso es lo que muchas personas saben y conocen sobre niños y jóvenes con síndrome de Down, sin embargo ¿Eso es suficiente? Estamos de acuerdo que no, pero eso es lo que a la mayoría de nosotras, las educadoras diferenciales, nos inculcan durante nuestros años de estudio, sin embargo debo reconocer que ante la llegada de un niño(a) con síndrome de Down todo esto se viene al suelo. Muchas veces uno piensa ¿Qué es eso de la conmoción? ¿Cómo los padres son capaces de rechazar a sus hijos?  ¿La negación realmente existe?  ¿Cuánto tiempo demora un padre o una madre en aceptar a su hijo tal y como es? Creer que uno tiene las respuestas a todas estas preguntas es una cosa, pero VIVIRLAS es otra. Para mi se juntaron ambas situaciones ante la llegada de Martina, mientras mi familia lloraba y sufría por su inesperado arribo a este mundo, yo sentía una alegría inmensamente inexplicable, para mi reflejaba la perfección, el amor incondicional, ella fue todo lo que yo deseaba en ese minuto. Fue así como logre darme cuenta lo que realmente ocurre en una familia ante la llega de un niño con SD, comprendí que la conmoción y el rechazo existen y son sumamente validas, normales, esperables.

Es tan fuerte esta realidad, es tan distinto “saberlo” a experimentarlo, lamento y siento una pobreza de alma tan grande al haber dudado o más bien juzgado estos sentimientos tan legítimos, tan loables, pues simplemente somos humanos, seres imperfectos, llenos de dudas y contradicciones, nuestra vida esta ligada muchas veces mas al corazón que la razón, por ende “explotamos” frente a esta realidad ¿Y por que no hacerlo? ¿Por qué no sentirlo? ¿Esta mal haber sentido ese rechazo? Humildemente y desde mi reciente experiencia en el tema creo que no, creo cada uno de los sentimiento de un padre, tío y hermano de un niño con SD es valido, puesto que nace del amor, si del amor, pues esos sentimientos nacen de la angustia y de la desesperación, desesperación de tener respuestas a preguntas tales como: ¿Que va a ser de la vida mi hijo, mi hermano, mi nieto? ¿Como va a enfrentar los diversos obstáculos que le presenta la vida? ¿Qué pasa si yo no estoy, si yo le falto? ¿Por qué a mí?

Frente a estas preguntas solo tengo una respuesta ¿Y por que no? ¿Por que negarnos a este desafío que nos presenta la vida? Tenemos que pensar que el solo echo de ser padres ya es un gran desafío, independientemente de que si nuestro hijo tiene o no SD, el ser padres es una responsabilidad de por vida, no nos desligamos de eso nunca, así que ¿Por que quedarnos en la pequeñez de la discapacidad? Muchos padres al esperar la llegada de un hijo señalan la típica frase “yo solo quiero que salga sanito”, pero ¿Por qué no tan solo desear que nuestro hijo sea feliz? Si feliz, es algo tan simple, para que pedirle mas a la vida, ¿Quién dice que un niño con SD es mas o menos feliz que un niño “normal”? Creo y siento que esa es la respuesta frente a todas estas preguntas, la felicidad es a lo que todos aspiramos en esta vida, por lo tanto todas las etapas y procesos vividos, sean buenos o malos son validos. 

Solo Dios y nadie mas que él puede juzgar nuestros sentimientos y ni siquiera el lo hace, por ende no debemos sentirnos mal ante sentimientos negativos e inesperados ante la llegada de un niño con SD, cada uno sabe como vive su duelo, DUELO, pues convengamos que el hijo que esperábamos no llego, sin embargo llego otro, con otras cualidades, con otras capacidades, con otras características, pero con una mirada única, una mirada que logra atravesar el alma, la cual nos acompañara y guiara eternamente por la senda del amor y la pureza.

 Daniela Bustos Araneda

→ 2 comentariosCategorías: Inicio

Diversidad y Esencia

Marzo 21, 2009 · 2 comentarios

No es novedad que la inclusión de las personas con discapacidad intelectual es un gran desafío. Llevamos años buscando caminos y experiencias para facilitar la inclusión de personas con síndrome de Down y discapacidad intelectual. Y aparece Pablo Pineda:

Persona con síndrome de Down que logra título universitario y  desestructura la figura de nuestro “clásico personaje discapacitado”. Pablo  hace entrever claramente que detrás de la discapacidad hay una persona que siente, que aprende, que lucha y que se relaciona con los demás, que tiene derechos y deberes.

Pablo Pineda ha sido muy criticado desde el punto de vista de que no debe ser un referente para las personas con síndrome de Down y  que es una excepción, lo cual comparto plenamente.

Sin embargo me surgen inmediatamente dos pensamientos:

 

1)     ¿Cuánto mito se ha introducido en nuestra sociedad que ha cerrado las puertas a nuestros hijos con discapacidad?

2)     ¿Por qué en vez de quedarnos en que Pineda es una excepción no nos preguntamos que ha hecho él para llegar tan lejos?

 

Respecto al primer punto creo que la sociedad ha sido por años tremendamente prejuiciosa y que los mitos han provocado una especie de profecía autocumplida para las personas con síndrome de Down. Se pensaba que no pueden aprender: efectivamente no aprendían. Se pensaba que eran todos gordos: no se hacía nada para cambiar la realidad y terminaban siendo todos gordos. Y así suma y sigue.

Llega Pineda como pionero y quiebra un esquema y le hace contrapeso a todo los mitos que habíamos escuchado y lanza una luz de esperanza con un mensaje implícito de que tal vez sí vale la pena atreverse a dar la lucha por y con nuestros hijos…..

Resulta que en mi caminar me he encontrado con muchos jóvenes con discapacidad, todavía etiquetados bajo leve, profundo o moderado, y al darme el tiempo de verlos a los ojos y de conocer un poco más allá de su discapacidad y mis prejuicios, me encuentro con el mismo espíritu de Pineda, que siente, que aprende, que lucha y que se relaciona con los demás, que tiene derechos y deberes.

Y es que a mi modo de ver Pineda representa mucho más que un alto grado intelectual. Estamos de acuerdo con que él hoy es una excepción. A Dios gracia es la primera vez que se reconoce públicamente que entre las personas con síndrome de Down también existen diferencias. Y en esa diferencia reconocemos a su vez la individualidad y por tanto la persona.  Pablo quiebra esquemas y con ello explicita que TODOS somos diferentes, bota con hechos un mito que dice que las personas con síndrome de Down sólo aprenden hasta cierto grado. Claro, llevamos tantos años pensando que son todos iguales que inmediatamente surge el miedo de apuntar a que todos sean como Pineda, craso error. Justamente es eso lo que entiendo con su aparición pública: Son todos diferentes y cualquier suposición de límites es falsa. O sea que discapacidad  supone un factor de dificultad mayor, que requiere indiscutiblemente nuestro apoyo, más que límite o techo.

Los que estamos en contacto permanente con personas con discapacidad, en general podemos ver la esencia humana que trasciende a la discapacidad. Sin embargo un amplio sector de la sociedad no cuenta más que con mitos que siguen coartando las oportunidades de nuestros hijos e hijas.

Desde este punto de vista aplaudo la valentía de Pineda por exponerse a la prensa con un mensaje que además  no habla solamente de él, sino de todas las personas con síndrome de Down. “Que no se dejen pasar a llevar, que sigan luchando” dice en un video.

Quiebra mitos, abre oportunidades, facilita cambios sociales.

 

 

Volviendo al tema de su excepción, y con ello a su individualidad, segundo punto que quisiera abordar:

¿Cuál ha sido la historia de Pablo? ¿Qué creencias tuvo su contexto? (familia, profesionales, escuela) ¿Qué dificultades enfrentó y cómo las fue resolviendo?

¿Cómo se sentía Pablo con sus logros y sus  frustraciones? ¿Qué hizo, especialmente  en la etapa de la adolescencia, para lograr mantener su autoestima alta? En fin, tantas preguntas para aprender de su experiencia. ¡No para tratar de igualar a todos los jóvenes con síndrome de Down, sino que para entender mejor cómo poder ayudarlos, a todos y cada uno de ellos!

 

Personalmente pienso que Pineda se atrevió  a dar la cara y con ello por supuesto se expuso

a la crítica. Creo que tenemos mucho que aprender de él así como de todas las personas.

Su mensaje es alentador, sano y nos hace reflexionar ¡Él es único e irrepetible, es genial, es

luchador, es pionero y por sobre todo muy valiente!

 

Siento que necesitamos ser más consecuentes en nuestros mensajes. Si  vamos a valorar la diferencia que sea para todos, no sólo para la gran mayoría o para algunos. Que si los modelos de inclusión fracasan, veamos por qué fracasan y qué nos falta mejorar. La inclusión no depende de si el niño o niña es “leve, moderado o profunda” La inclusión si depende de si nuestro apoyo es leve, moderado o  significativo.

 

Todos ganamos incluyendo. Mientras más personas catalogadas como “profundas” conozco, más me convenzo de lo anterior.

Pineda es entonces un ejemplo que ha salido a la luz pública y  que nos ofrece oportunidad de compartir una experiencia y seguir avanzando en nuestro desafío de seguir respetando y valorando la diversidad y esencia de cada persona.

 

Karin Schröder

→ 2 comentariosCategorías: Inicio

“Solidaridad como oportunidad” (protagonistas de una historia que nos necesita)

Enero 28, 2009 · 1 comentario

Últimamente me he encontrado con diversas situaciones relacionadas al tema de la discapacidad y de la solidaridad, y topo siempre en lo mismo: existe una importante cuota de discapacidad en nosotros cuando se trata de dar un poco más que asistencialismo.

Por ejemplo:

Seguro que a más de algunos padres con hijos con síndrome de Down u otra discapacidad les ha pasado, que dejan de invitar a sus hijos a casas de sus compañeros. (Hablo de escuelas integradas).

 

Ciertamente se produce un desfase cognitivo y un desfase de intereses entre compañeros con y sin discapacidad evidente. Ponerse en el lugar del otro, se aprende y requiere de cierto grado de madurez especialmente en etapas en que el “YO” se está asegurando, como lo es en la etapa de la adolescencia.

 Por esto el rol de educar la solidaridad que cumplen los padres y profesores es muy significativo.

No quiero decir que es necesario que todos los compañeros inviten a la persona  con discapacidad, sino que los más cercanos lo hagan, por ejemplo para el cumpleaños. No es que  queremos obligar a nuestros hijos a invitar a alguien que no quieren invitar, el punto es que es necesario sensibilizar a nuestros hijos “sin discapacidad evidente” a que a todos nos gusta ser invitados al menos en algunas ocasiones especiales.

No es que queramos forzar amistades, sino enseñar a ser solidarios también cuando nos cuesta serlo. A nadie le da lo mismo no ser invitado, este tema trasciende al coeficiente intelectual, produce mucho dolor y tiene que ver con nuestra esencia humana, con nuestros sentimientos, con el sabernos queridos y aceptados.

 

A una de mis otras hijas “sin discapacidad evidente”, que igualmente tiene una compañera con síndrome  de Down le plantee lo siguiente:

“Sería genial que al menos una vez al año invitaras a casa a tu compañera con síndrome  de Down, sabiendo que es una de las compañeras que menos invitan. Imagínate si cada uno de tus compañeros hiciera lo mismo, a tu compañera con síndrome de Down casi no le quedarían fines de semana libres”.Esta simple reflexión es la que motiva un acto de solidaridad, un  saber ponerse en el lugar del otro,  validar los sentimientos de todas las personas, y entregar por amor al otro.

 

Y siento que  hablamos tanto de ser solidarios….creo que nos falta actuar…..y ser ejemplo para nuestros hijos que estamos formando….

 

Y luego algo parecido  ocurre en eventos de recaudación de fondos:

La gente entusiasmada….un video que sensibiliza….algunas lágrimas….dinero: “Yo, superpoderoso, ayudo al pobre, al  discapacitado, al vulnerable”

Claro, ayudo desde el asistencialismo, a que esas personas logren sobrevivir. Sin embargo

Si realmente quiero ayudarlos a ser felices la palabra es incluir.

¿Cómo incluyo a esas personas en mi diario vivir, y más allá de la limosna o el aporte $?

¿Les estoy ofreciendo alguna oportunidad real en el entorno que vivo?

¿Soy solidario con consecuencia o mi solidaridad depende de mi estado momentáneo y de lo conmovedor que haya sido el video?

Y luego la otra parte, que se supone es la que está del lado que busca ayuda: al parecer  mientras más triste y conmovedora sea la situación presentada con el discapacitado: mejor. Más dinero lograré recaudar. Entendamos por supuesto que esos dineros serán necesarios para solventar infinitas urgencias, y eso es buenísimo también.

 

Sin embargo, hay algo aquí, que siento que estamos haciendo profundamente mal.

Y es que necesitamos crear conciencia de ser solidario por nuestra  responsabilidad social y por todo lo que deja de pasar si no cumplimos con ella. El dinero es terrenal, la oportunidad es divina. En ella está el reconocimiento de la capacidad del otro, el desarrollo personal, el trabajo y la autoestima, la felicidad. El cambio requiere reflexionar a cerca del amor que quiero dar por el otro, transformando ese amor en acto, más que en dinero.

 

Desde ahí esto necesita un vuelco importante:

Para ambos ejemplos planteados aquí:  

 

No es que solamente  mi Colegio tenga alumnos integrados y eso me encanta y lo encuentro fabuloso porque les hace bien a mis hijos e hijas. Es que yo doy oportunidad, soy solidario y acojo a mi compañero/a con hechos concretos y en situaciones concretas, entendiendo que esto es favorable para todos. Ya no doy porque soy bueno, sino por mi convencimiento de la necesidad de crear cambios sociales que favorezcan a todos, como ser humano cristiano y porque soy capaz de reconocer en el otro a Dios. Aun más lejos, no doy dinero, sino doy oportunidad y amor real. Dicho sea de paso que la oportunidad es bilateral porque me doy el permiso de conocer gente diversa, liberarme de prejuicios y entablar amistades heterogéneas, flexibilizar mi pensamiento, revisar mi escala de valores y quitarme miedos, etc. Yo decido compartir mi tiempo con el otro, entendiendo que es un desafío para mi propia discapacidad de abrirme al otro.

 

 

Es ahí donde está nuestra mayor discapacidad y es ahí donde malentendemos la solidaridad.

Desde nuestro ego altruista olvidamos que probablemente los más beneficiados de ser solidarios somos nosotros mismos. Y no es más que eso: entregar amor, tiempo y oportunidad: conceptos lamentablemente cada vez más ajenos a nuestro sistema numérico y económico.

Debemos decidir si seguimos esperando, si seguimos siendo testigos de una realidad lejana o bien si nos involucramos responsablemente y pasamos a ser protagonista de una historia que nos necesita.

 

 

 

 

Karin Schröder

 

→ 1 comentarioCategorías: Inicio

“Hágase Tú Voluntad”

Diciembre 2, 2008 · Deja un comentario

Quisiera abordar el tema de: si saber o no antes del nacimiento de nuestros hijos con síndrome de Down, la noticia de que viene con síndrome de Down, y centrar el eje del tema en mi experiencia personal.

 

Maravillosa fue la noticia de estar embarazada, especialmente de mi primera hija. 9 meses conversándole y cantándole. Como era mi primera hija tuve hasta tiempo para tomar un curso de relajación, de esos que te preparan para un buen embarazo y parto.

Recuerdo que me regalaron un libro de embarazos y fui mes a mes imaginando como este bebé se iba desarrollando dentro de mí. Al 7° mes de embarazo y sin razón aparente, le pregunté al doctor si mi hija/o podría venir con síndrome de Down, y  su respuesta fue categórica: “no”.

 

Si tuviera que describir mi embarazo con una palabra sería: “perfecto”.

 

El parto fue muy emocionante. Estuve 10 horas con trabajo de parto de los cuales gran parte tomados de la mano con mi marido rezamos  el “Padre Nuestro”. (Algo poco usual en esa época de nuestras vidas en que con suerte íbamos para navidad a misa)

Luego de  mucho esperar y caminar etc. sus latidos comenzaron a bajar y de inmediato se tomo la decisión: Caterina prefirió optar por llegar a este mundo por cesárea.

Por supuesto la alegría inicial duró poco. Dormí 12 horas dopada con morfina y cuando desperté vi a mi marido con cara de preocupación. Lo primero que se me vino a la mente y dije… “¿se murió?” La respuesta fue “no”…lo que hizo que yo resucitara y de inmediato mi marido  dice: “Tiene síndrome de Down” y yo digo “lo sabía”….

 

 

Ciertamente fue uno de los momentos de mayor complejidad en mi vida. La ignorancia respecto al tema nos abrumaba. Sin embargo lo que más quería en esos momentos era ver a mi hija, besarla y tenerla entre mis brazos.

Una necesidad tremenda de reconocerla como Caterina, mi primera hija, que ya estaba entre nosotros enseñándonos algo que ningún libro, ni ningún curso  podía enseñar.

Necesitaba estar con ella y reconocer en ella a Dios.

Tal era mi ignorancia a cerca de personas con síndrome de Down que recuerdo haber preguntado: ¿podré comunicarme con ella? Y la respuesta fue “por supuesto”.

Muy pronto descubrí que comunicarse es mucho más que hablar.

 

Nada más necesite para comenzar esta nueva vida que luego reconocí, plena de Dios.

Y recordé el “Padre Nuestro” y recordé el “Hágase Tú Voluntad”.

Mirando hacia atrás, fueron cosas muy bonitas que ocurrieron ese 17 de febrero de 1996, literalmente yo resucité con su vida. Fue un despertar a un llamado, lleno de señales desde el cielo.

 

Y es verdad, los papás y mamás que hemos tenido hijos con alguna discapacidad evidente entramos  como en un nivel de vida que yo describo como “Beta”. Cambian los valores y las prioridades. Cambian tus relaciones interpersonales  y cambia tu forma de ver la vida.

 

Claro al principio cuando me decían que eran una bendición, se me paraban los pelos y sentía que esas palabras eran como consuelo barato. Tal vez porque sentía que era un discurso aprendido,  tal vez porque creo que en general todos los niños/as son una bendición, o incluso porque al decir que ellos son una bendición, se les niega la posibilidad de ser algo más que una bendición….no lo se….   Así es  como percibimos en nuestra ignorancia inicial que: “Algo malo había ocurrido”.

 Pero ella y el tiempo nos fueron mostraron que realmente estábamos equivocados: “Probablemente lo mejor en nuestras vidas había ocurrido”.

Y es que fácilmente percibimos lo diferente como malo, hasta que entramos en este estado que llamo “Beta” en que nos damos cuenta que en la diferencia está el aporte, el desafío y el encuentro.

 

Volviendo al tema inicial. Mi experiencia de no haber sabido (con certeza, puesto que igual lo intuía) antes de su nacimiento que Caterina tenía síndrome de Down siento que  fue muy positivo.

Me baso en cosas simples (CS) como:

 

  • Creo que la etapa del embarazo es crucial para el desarrollo de hijo/a que viene en camino y que el bienestar de la madre es directamente proporcional con el bienestar del bebé en camino.
  • Recibir la noticia que un hijo/a tiene síndrome de Down es muy fuerte emocionalmente hablando, por tanto, poder contar con  un espacio físico que separe a la madre y a su hijo/a   durante el período de recepción de la noticia y especialmente los primeros meses pienso que es muy favorable para la madre y para su hija/o y a diferencia de cuando está en el vientre, absolutamente unido a lo que vive y siente su madre

 

  • Lo más importante: Verla, abrazarla y besarla ayudó a poder vincularme a ella como Caterina y no como un “NN síndrome de Down”

 

 

Y se me viene a la mente el médico que informa antes del nacimiento, la llegada de un hijo con síndrome de Down.

¿Con qué objetivo? ¿Aborto? ¿Preparación previa al nacimiento?

Para mí  el tema del aborto es la negación de vida divina  y todo lo divino está hecho a la perfección. Por tanto pienso que informar con este objetivo es inhumano y muy destructivo.

En cuánto a la preparación previa al nacimiento, siento que cada día enfocamos mayormente nuestras vidas,  ya sea en  adelantarnos a acontecimientos  o bien en proyectarnos hacia el futuro. Diferente es  si se requiere de una intervención médica que favorezca la vida.

Claro que también se puede decir que es un derecho de la madre y el padre “saber”. Y

entonces me pregunto sobre el derecho del niño/a  de desarrollarse al menos en el vientre de su madre sin prejuicios…

 

Los puntos CS  que menciono anteriormente no se cumplen si la noticia se anticipa al nacimiento. Tal vez podríamos decir que el momento del nacimiento es mejor si uno se ha preparado antes con la noticia, pero queda en el aire la pregunta de las emociones transmitidas directamente durante el embarazo.

Siento, por supuesto desde mi experiencia, que si ponemos en la balanza lo bueno y lo malo de anticipar o no la noticia de que un hijo/a viene con síndrome de Down, lo más probable es que sea favorable no  adelantarse.

Justamente es  mi hija con síndrome de Down que me ha enseñado en esta resurrección, que “cada día tiene su afán”. No quiero decir que no sea bueno a veces anticiparse a los hechos, ni planificar algunas cosas, sólo quiero comentar que a menudo se nos olvida lo primordial, y es  hacer verbo de la palabra.:“Solo hágase Tú voluntad”.

 

Karin Schröder

Diciembre -2008

 

→ Deja un ComentarioCategorías: Inicio

SIMCE e inclusión educativa

Noviembre 11, 2008 · 2 comentarios

En noviembre del año 2006, escribí un artículo a raíz de que mi hija Caterina (quien tiene síndrome de Down) tuvo que enfrentarse a la “situación SIMCE”. Me puse en su lugar y decidí no exponerla a esta situación explicandole que lamentablemente el Ministerio de Educación no estaba aun preparado para dar respuesta a todos los alumnos, es decir que todavía no se quiere entender que hay diferentes ritmos de aprendizaje. Ella se quedó en casa, sin embargo esto motivó que yo escribiera el siguiente artículo:

¿ ……y los niños y niñas integrados qué?

 

 

Señor Director:

 

Año a año escuchamos a cerca de una prueba realizada a nivel nacional, efectuada a los niveles de 4° básicos. La famosa prueba SIMCE(Sistema de Medición de la Calidad de la Educación), evaluación masiva estandarizada del desempeño de los alumnos.

 

Existe gran efervescencia en el ambiente. Los niños son advertidos con anticipación de la realización de esta prueba, se ejecutan ensayos etc.

 

Llega el tan esperado día: los niños y niñas entran a un salón.

Paula, quien lleva años con cupo de integración en ese colegio porque tiene s. de Down , también está muy motivada con la situación y  del mismo modo entra al salón.

 

Hoy la profesora es otra, la educadora regular no está . Todos están muy callados. La profesora reparte la prueba. Paula piensa: “Debo concentrarme, mis compañeros ya están trabajando.”

Paula intenta concentrarse pero la letra de la prueba es demasiado pequeña. La prueba es de matemática. Paula ve que hay números de 3 y 4 cifras. Ella ha hecho grandes avances durante el año en matemática…..pero con números de 2 cifras.

Paula da vuelta la página y se encuentra con más problemas ,que en un principio se ven muy complicados de resolver.

Ella nunca se ha enfrentado a ese tipo de problemas matemáticos. Para ella estos problemas son muy complicados aun. Ella ha aprendido a resolver otro tipo de problemas matemáticos este año.

Paula levanta la mano para pedir ayuda…..la profesora mueve la cabeza negando la posibilidad de ayudarle. “Debes resolverlo solita”…..  “No puedo ayudarte”, responde la profesora.

Paula aprendió a sumar y restar  sin reserva este año, y hace poco ha comenzado a multiplicar y dividir. La profesora de Paula y sus padres están muy orgullosos de los avances y el esfuerzo de Paula, sin embargo, el tiempo pasa esa mañana y Paula sigue sin poder resolver ningún problema de la prueba…..sus compañeros siguen trabajando….

Pasan dos horas en esta situación….el tiempo es interminable .  “¿Quién me puede ayudar un poquito en esto?…….la profesora nueva sigue sin poder acercarse a mi……yo no puedo hacer esto…..mis compañeros todos pueden….soy incapaz….¿qué hago aquí?…¿a dónde pertenezco?…..”

Paula llega llorando a casa.

 

 

Mi intención con este artículo es poner al lector por sólo un minuto en el lugar del niño/a en integración.

 

Parece mentira, pero muchos de nosotros sabemos que hay colegios que el día de la prueba SIMCE le piden a los padres de niños integrados , que no lleven a sus hijos al colegio para no perjudicar los puntajes finales del establecimiento.

  

Por otro lado hay colegios que con intención de acoger a todos sus alumnos apoyan la moción de que todos los alumnos deben realizar la prueba.

 Y yo me pregunto en ambos casos  ¿ ……y los niños y niñas integrados qué?

¿No se supone que  la educación está cambiando? ¿Qué las evaluaciones debes ser dinámicas? ¿Qué el CI hoy ya no es tema? ¿Qué lo que vale son los procesos?

¿Qué Chile está absolutamente en contra de la discriminación?¿Que hoy más que nunca la educación es un derecho para todos?

¿O es que ese “todos” seguirá excluyendo y hablamos de “todos” refiriéndonos solamente  a alumnos  con y sin recursos monetarios?

 

Si pensamos que para los alumnos y alumnas en integración, que hoy se verán enfrentados a una situación similar o incluso peor a la de Paula, esto le es indiferente y que hoy simplemente será un día más para ellos, estoy convencida que estamos profundamente equivocados.

Seguimos minimizando estas situaciones emocionalmente nefastas  y luego nos preguntamos porqué hay tanta deserción de niños en integración que caen en depresiones.

Para peor, los culpamos a ellos por su discapacidad y les negamos la posibilidad de seguir en sistemas regulares de educación  a causa de sus dificultades.

 Creo que es urgente revisar este tema. Volver a plantearnos el objetivo de esta prueba y dar respuesta a cada vez mayor cantidad de alumnos y alumnas integrados.

Igualmente cabe replantearse el objetivo para todos los alumnos.

 

Capacitar a profesores del ministerio o dar opción al profesorado del colegio en poder mediar una prueba como la del SIMCE, creo que por ahora podrían ser una de las opciones un poco más justas cuando hablamos de integración.

 

De otra forma, creo que hablar de políticas educativas y de un “compromiso con la diversidad” seguirá siendo una linda ilusión. ¡Necesitamos acciones concretas!

 

Karin Schröder 

Noviembre 2006

 

Hoy luego de 2 años leo en el diario lo siguiente:(entrar al link):

http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2008/11/08/anita-y-el-simce.asp

 

Y quisiera hacer una nueva reflexión:

El año 2006 escribí una carta al director en la que abordé el tema de los alumnos y alumnas con cupo de integración  y el SIMCE, debido a la experiencia muy similar con mi hija Caterina (quién también tiene síndrome de Down), a la que se plantea  con Anita hoy.

Luego de 2 años, se sigue evidenciando la imperante necesidad de generar cambios concretos, más allá de políticas publicas.

 

El 1 de agosto de este año Chile firma la ratificación de la convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. El Artículo 3 de dicha convención habla de los principios generales de la Convención en el que encontramos: la no discriminación y la igualdad de oportunidades. Y luego más detallado en el artículo 5  dice que los Estados Partes, a fin de promover la igualdad y eliminar la discriminación, adoptarán todas las medidas pertinentes para asegurar la realización de ajustes razonables (www.un.org/esa/socdev/enable ).

¿No sería entonces un ajuste  razonable, que Anita hubiera tenido opción a rendir una prueba adecuada o que Anita pudiera haber  contado con un mediador durante la prueba?

Me pregunto si seguiremos firmando acuerdos los próximos 2 años sin hacerlos efectivos, ya que en el 2010  Caterina cursará, si Dios quiere 8°básico, y ¿volveremos a estar expuestos a esta misma  situación?

Es que lo que plantea Anita es muy cierto. Pareciera que para el sistema educativo, los puntajes y los números siguen siendo en realidad más importantes que los alumnos.

No dar apoyo a los que más lo requieren es también hablar de discapacidad.

 

 

Karin Schröder

Noviembre 2008

→ 2 comentariosCategorías: Inicio

Adecuaciones Curriculares

Septiembre 1, 2008 · 1 comentario

 

Quisiera expresar a través de este artículo  mi experiencia en relación a las tan nombradas “adecuaciones curriculares”.

En un principio ambas palabras sonaban muy complejas y relacionadas  a jergas educativas.

Con el tiempo he entendido que  la educación nace del sentido común, la familia y de la esencia de cada persona, por lo que no hay nada en el área  educativa que no pueda ser entendido o descifrado por nosotros los padres y madres.

 

Es así como inicialmente entendí que la adecuación o también llamada adaptación curricular, cumplía el objetivo de hacer avanzar a cada niño de acuerdo a su capacidad individual. Mi hija fue creciendo y las adecuaciones se hicieron cada vez más necesarias.

Tanto así que descubrí algo que hacía muchísimo más substancial la necesidad de efectuar adecuaciones: la autoestima de mi hija con síndrome de Down.

 

Si ella no contaba con su material adecuado, y se enfrentaba a guías demasiado complejas para ella, el mensaje  implícito era “esto no es para ti” o “tú no puedes resolver esto”.

Ya no es solamente no avanzar desde lo cognitivo sino mucho peor: “tú no puedes”.

 

¿Para qué hacer adecuaciones entonces?

Para que exista un sentimiento de competencia y de pertenecía y así  fortalecer la autoestima.

 

 

Entonces surge la necesidad de crear material  exclusivo e individual para ella. Ya no es  adecuar las guías de los compañeros con un “esto si” y “esto no” (tachando lo que no).

¡Cuidado!…el mensaje es el mismo: “esto no es para ti”.

 

Fue más o menos en 3° básico que le expliqué a ella  que “era su derecho pedirle a los profesores guías adecuadas” (tal cual) “porque ella tiene síndrome de Down y eso hace que ella avance en otros tiempos” Desde entonces ella ha sido miembro activo de la exigencia de su derecho.

 

 

Y qué es la “Adecuación Curricular” o cómo se efectúa.

Intentaré resumir un par de puntos que  puede que sean aclaratorios y facilitadores:

 

A) La Adecuación Curricular surge en primera instancia por reconocer:

 

1.                                  Al niño discapacitado dentro de la sala  y su necesidad especial.

2.                                  La importancia de la ejecución de la adecuación, a nivel de avances cognitivos y aun más a nivel  desarrollo positivo de autoestima de niño.

 

Podría asegurar que  acogidos  los dos puntos anteriores el camino está trazado.

 

B) Necesariamente hay que evaluar las capacidades del alumno/a. De esta forma asegurar un sentimiento de desafío (ni más, ni menos)

 

C) Generar una Adecuación Curricular parte por plantearse objetivos. En el caso de la inclusión educativa, estos objetivos se plantean a partir de los objetivos planteados para resto del curso. Los objetivos adecuados deberían ser secuenciados y funcionales.

 

 

Por ejemplo:

Si uno de los objetivos  del curso  en lenguaje es:

 

Dominio de la ortografía puntual en los textos que producen, a través del uso de:

• Punto seguido, suspensivos, aparte y final

• Coma en enumeraciones

• Signos de exclamación e interrogación

• Paréntesis y comillas

• Diéresis o cremillas

• Dos puntos en enumeraciones, inicio de cartas y citas textuales

• Guiones en los diálogos.

 

La adecuación para el alumno en cuestión podría ser:

·                 Reconocimiento de la ortografía puntual en  textos concedidos, a través de la identificación de  puntos finales y apartes.

 

 

Prácticamente todas las acciones educativas pueden ser adecuadas en muy diferentes ámbitos.

El Dr.  Reuven Feuerstein habla de mapa cognitivo que  define el acto mental a través de diferentes parámetros.

Estos parámetros pueden ser muy útiles a la hora de tener que adecuar, puesto que generalmente adaptamos cantidad sin tomar en cuenta otros aspectos relevantes:

 A modo de ejemplo y de acuerdo a lo anterior podemos preparar material o planificar tomando en cuenta las siguientes variables:

 

·                 Contenido: ligada directamente a su experiencia pasada, es  decir, historia educativa, personal y cultural.

·                 Modalidades: forma verbal, numérica, gráfica, simbólica, pictórica o por combinación de ambas.

·                 Fases del acto mental: input – elaboración – output. Las 3 fases están relacionadas y cada una de ellas tiene sentido en la medida en que está relacionada con la otra.

 (Puedo  adecuar la presentación de un problema, hacer resolver el problema de  diferentes formas y  adecuar la evaluación de  la respuesta)

·                  Nivel de complejidad: cantidad y grado de conocimiento de la información para el niño/a)

·                   El nivel de abstracción (concreto o representación mental)

 

 

¡Siempre tomando en cuenta el objetivo!, sino fácilmente se pierde el horizonte.

 

 

Sin ser experta en el tema mi experiencia junto a mi hija me ha enseñado mucho.

Saber que ella puede y que depende de nosotros, me ha llevado a buscar la información y a encontrarla.

 

 

Según mi experiencia personal, adecuación  curricular no es más que:

·                 Reconocer una necesidad

·                 Plantear objetivos secuenciados y funcionales

·                 Generar material y/o planificación individual

 

Puede  que en esto de ser mamá  me falte mucho que aprender a cerca de las adecuaciones curriculares, sin embargo  mi testimonio puede servir de base para el que comienza el camino de la inclusión. Y facilitar en algo lo que le toque vivir a cada uno.

 

Por supuesto que queda atrás el mito de que esto es tema de los profesionales….somos nosotras las mamás las que en primera instancia debiéramos velar por el bienestar de nuestros hijos, sobre todo cuando de autoestima se trata.

Una vez más queda en evidencia, la necesidad de trabajar en equipo con los profesores, sobre una base de  respeto y confianza mutua.

No se trata de hacernos madres-profesoras, se trata de involucrarnos en temas que afectan directamente el bienestar de nuestros hijos/as.

No se trata de delegar la responsabilidad de educar a los profesores y profesionales, se trata de trabajar con ellos.

No se trata de culpar porque existe alguna mala gestión, se trata de ver cómo podemos ayudar a mejorar la gestión.

¡En el caso de las adecuaciones curriculares, no se trata de ti o de mí,  se trata de  ellos!

 

 

Karin Schröder

Septiembre , 2008

 

 

 

ejemplos-de-adecuaciones

 ejemplo-de-tabla-objetivos-adecuados-parvulos

→ 1 comentarioCategorías: Inicio

En la búsqueda de un modelo integrador

Julio 13, 2008 · Deja un comentario

Distintas son las opciones que hoy nos ofrecen los establecimientos de educación privada en Chile, que se han abierto a la integración de niños con síndrome de Down u otras discapacidades.
Madres y padres que inician la búsqueda de colegios para sus hijos “especiales” se encuentran con diferentes posibilidades: hay Colegios que no admiten la entrada de niños con discapacidades; otros que aceptan a un alumno con discapacidad a partir de una mirada de tolerancia y ofreciendo un espacio a este niño o niña como una excepción; otros que realmente están comprometidos con la causa de educar a todos los niños que reciban, con una intención
que va más allá de la palabra.
Dentro de aquellos establecimientos que acogen a niños con discapacidad en su comunidad, hay escuelas con o sin proyectos de integración.
Algunos de estas instituciones cuentan con equipos especializados de apoyo internos, otros colegios cuentan con personas individuales a cargo de coordinar temas relacionados a la integración y otros establecimientos no cuentan con personal especializado interno.
En esta variedad algunos colegios exigen especialistas externos, otros niegan la entrada de profesionales externos.
Dependiendo de cada caso, hay instituciones que condicionan la estadía del alumno en el colegio, con el compromiso de los padres a
proporcionar una persona de apoyo ya sea tiempos parciales o tiempo completo….
En fin, podría seguir enumerando gran cantidad de variantes respecto a las alternativas que hoy nos ofrece la educación privada en Chile.
No podemos desconocer que hemos hecho un proceso con importantes avances en materia de inclusión educativa.
El sistema mejora y los alumnos con mayores oportunidades demuestran mejor rendimiento y mayor capacidad de autonomía. Los profesores se capacitan y hacen proceso al andar, logrando objetivos y mejorando su práctica profesional.
También nosotros los padres y madres hemos cambiado:
hace 10 años simplemente dábamos gracias a Dios por que nuestro hijo tuviera una opción en una escuela integrada (pues prácticamente no existían cupos).
La oferta de Colegios Integrados ha aumentado, y se ha visto que esto favorece a toda la comunidad. Hay nuevas políticas educativas que aspiran a una educación para todos como un derecho humano.
Se comienza a reconocer que la integración fomenta el desarrollo de valores como el respeto, habilidades de escucha, generosidad, solidaridad, valoración de la diversidad, entre otros.
Por todo lo anterior, y por nuestro excelente acceso a la información debido a los avances tecnológicos, hoy nos encontramos con padres mejor informados. Cada vez hay mayor cantidad de padres y madres que creemos en las capacidades de nuestros hijos e hijas discapacitados.
Cada vez somos más los que entendemos la condición de nuestros hijos e hijas con discapacidad como un desafío, que requiere en primera instancia de cambios sociales.
Cada vez estamos más convencidos de la importancia de ofrecerles los apoyos necesarios a nuestros hijos/as para que logren una vida autónoma.

Aquí quisiera detenerme en un punto, que independiente a la modalidad que nos ofrezca el establecimiento educativo, es fundamental que funcione, hablo de las adecuaciones curriculares.

Estarán de cuerdo conmigo que para que cualquier alumno avance en su desarrollo, este debe contar como mínimo con un plan de acción, es decir con objetivos y con un material de trabajo.
Sin embargo esto que parece tan simple, no lo es.
También aquí son muchísimas las razones por las que fallamos como sistema.
Sin embargo considero que lo que más nos sigue perjudicando son nuestras creencias.
Recuerdo un caso de una profesora que no evaluó a una niña con síndrome de Down argumentando inocentemente “para qué la vamos a evaluar”…a lo que su madre contestó “porque es su derecho”.
Frecuentemente me encuentro con mamás desconcertadas por:

• Problemas de conducta (generalmente asociados a que el niño/a se “arranca” de las sala)

• Reducción de horarios (hasta medio día) de su hijo con síndrome de Down, argumentando que el alumno/la alumna se duerme en clases.

Si esto es así cabe preguntarse….¿será realmente esto una característica de los alumnos con síndrome de Down?…
Como me rehúso a creer lo anterior me pregunto:

¿Cuenta ese alumno con objetivos y con un material adecuado de trabajo en los ramos que presenta dificultades?

Pues en la mayoría de los casos con los que me he encontrado la respuesta es negativa.

Queda entonces por resolver porqué esto no funciona y ser más ejecutivo en dar respuestas a ese niño que hoy está llamando la atención a través de conductas inadecuadas.
Un niño/a con síndrome de Down que se arranca está explicitando que necesita que se le tome en cuenta, que es parte de los alumnos de la sala y que por ejemplo, no le da lo mismo recibir muy a menudo hojas de Block y lápices de colores.
Un alumno/a con síndrome de Down que se duerme en la sala está avisando que no entiende lo que está haciendo el resto y que probablemente de aburrimiento se duerme y no de cansancio como se suele interpretar.

Sucede que al existir problemáticas con los niños y niñas en la escuela, se centra la razón de la dificultad inmediatamente en el niño (más aun si tiene una discapacidad). Invito entonces a cambiar el eje de concentración hacia lo que pasa alrededor de ese niño.

Por supuesto que esto es un proceso que requiere generar cambios en nuestro actuar y que demanda energía y tiempo que hoy no estamos contemplando. Puede que los profesores ya estén sobrecargados de trabajo con sus alumnos regulares. Habrá que atender entonces esa necesidad de cómo se apoya a ese profesor para que cumpla también con su alumno con discapacidad.

De si es posible o no, puedo dar testimonio de profesoras de mi hija que han reconocido y asumido la importancia de su presencia en la sala (un curso de 35 alumnos) y que están adecuando absolutamente todo el material.
Ellas al igual que yo han podido ver y disfrutar de su creciente motivación y sus importantes logros.
Sin duda estas profesoras han tenido que generar cambios. Han tenido que incluir, a la hora de planificación de su clase, que tienen una niña con síndrome de Down y que esta requiere de apoyos especiales.
Podrán imaginarse mi cara cuando mi hija llega contándome por ejemplo, “que la casa está entera hecha de “moléculas”.”
Lo notable es que las profesoras que están adecuando el material de trabajo de su ramo son muy diversas también. Profesoras con muchos años de experiencia en educación y otras con menos recorridos. Lo común: su creencia y su compromiso.

Sin duda esto también parte desde la dirección del colegio y sus políticas internas.
¿Qué sucede cuando el profesor no adecua?
¿Hay alguien en el colegio que evalúe si esto está funcionando o no?

Habitualmente somos las mamás que nos damos cuenta que los cuadernos y carpetas luego de un semestre siguen vacíos….
¿A quién acudimos entonces? ¿Cómo hacemos para no ser catalogadas por “mamás ansiosas”?. ¿Qué canal de comunicación es el más efectivo para una propuesta constructiva?
Nada fácil ¿no es así?
Estoy segura que a través de estas palabras estoy interpretando el sentimiento de muchas mamás….y tal vez sobre-exigiendo a los profesores que hoy tal vez no se sienten preparados.
Sin embargo la educación es un derecho de todos y ser profesor también exige capacitarse y avanzar de acuerdo a las exigencias que surgen en el tiempo.
Nuestros hijos/as no pueden seguir esperando, ya está demostrado que ellos pueden si les damos la oportunidad.

Tal vez solo falte replantearnos algunas preguntas básicas:
• ¿Creo?
• ¿Quiero?
• ¿Hay objetivos y un material adecuado?
Y una palabra nada amigable pero demasiado necesaria……
• ¿Fiscalización?

Y si esto funciona….hablemos de reducción de horarios, problemas de conducta y otros….

Antes de esto la palabra inclusión aun queda demasiado grande…

Karin Schröder
2008, julio

→ Deja un ComentarioCategorías: Inicio

Jean Vanier: En la Eucaristía, “Jesús me ama como soy”

Junio 25, 2008 · Deja un comentario

Intervención del fundador de El Arca en el Congreso de Quebec

Link:  http://www.zenit.org/rssspanish-27681

→ Deja un ComentarioCategorías: Inicio

“Apoderados: pieza clave de nuestra red de apoyo”

Junio 12, 2008 · 1 comentario

Con bastante frecuencia me veo envuelta en una nube de sentimientos confusos que surgen del desequilibrio de lo que mi hija debiera hacer y lo que hace.

Y es que las exigencias académicas y sociales con el tiempo no solo van cambiando sino que además aumentan su dificultad.

En el caso de nuestros hijos especiales es aun más complejo puesto que la relatividad de lo que viene es muy amplia.

 

Siempre supe que la PRE-adolescencia y adolescencia es complicada, sin embargo vivir estas etapas acompañando a tu hijo/a con síndrome de Down es una página parece que aun más en blanco que otras etapas.

Lo que está claro es que pocos alumnos con síndrome de Down lo han pasado bien en la secundaria estando integrados en colegios regulares.

Así lo he escuchado al menos en innumerables testimonios de jóvenes con síndrome de Down.

 

Hoy estoy “entrando al túnel de la supuesta  etapa oscura” junto a mi hija con síndrome de Down. Así como en otras etapas de nuestras vidas me pregunto qué puedo hacer para facilitar este camino, a ratos  tan hosco, que por lo demás fue una opción que elegimos sin titubear.

 

Y es que la adolescencia es una etapa en que los jóvenes vuelven  a  reafirmar su autoestima y ponen muchísima importancia en el “qué dirán” y si eres amigo del más “bacán” o el más “TOP”.

Así el débil vuelve a ser blanco de burlas y el que se burla reafirma su autoestima  a base del que cae. Ser adecuado socialmente y competente cobra entonces  una mayor importancia que en etapas anteriores.

 

¿Cómo hacer justicia a nuestros hijos con discapacidad intelectual en esto, sin crear por otro lado  sensaciones de compasión o lástima?

 

Una vez más creo que la comunicación asertiva, concreta, abierta y sin miedos es la clave. Una vez más pienso que nosotros los padres y madres tenemos algo que hacer, un  rol que cumplir.

 

Tal vez una de las herramientas que menos usamos es comunicarnos con los padres y madres  de los compañeros de nuestros hijos. ¡Ellos

son pieza clave en nuestra red de apoyo!

 

Transmitir la necesidad de que los demás apoderados (algunos escogidos o tal vez todos) de un curso conversen específicamente  a cerca de su compañero con síndrome de Down puede ser muy relevante.

Explicitar una supuesta conversación o modelar un diálogo posible, podría ser de gran ayuda para todos e imagino que hasta podría marcar la diferencia a la hora del tan temido “bulling”:

 

 “Tu compañero tiene síndrome de Down, lo que implica que tiene una discapacidad intelectual. Esto hace que piensen un poco más lento y que a momentos requieran de tu ayuda para aprender.  Por lo anterior es muy probable que sucedan  una serie de circunstancias en la que tú  compañero/a será quizá inadecuada/o.

Por ejemplo: saldrá de la sala cuando no debe, olvidará sus materiales en un lugar indebido, cantará cuando no debe, se quedará sin reacción ante un evento inusual, se demore más en dar una respuesta, le cueste hilar un pensamiento  etc.

Es entonces cuando necesitamos entrar en acción y acoger no  sólo desde la palabra. “Vente que eso no está bien”, “vamos yo te acompaño, esto no se hace”, “lo que tú quieres decir es…..” será entonces la respuesta necesaria, más que una burla o “¡mira lo que está haciendo!”

El mensaje hacia un compañero de un alumno/a con síndrome de Down puede ser muy significativo y su rol es concreto: él/ella será mediador/a del aprendizaje, amigo/a que acompaña, portador de paciencia  y respeto  de  diferentes tiempos para aprender.

 

Aquí no hay recetas, hay personas diferentes, hay experiencias múltiples. Probablemente hay padres que prefieran no evidenciar que existe una real dificultad intelectual en su hijo/a. Personalmente pienso que es primordial que nuestros hijos/as aprendan a conocer sus capacidades y también sus dificultades o discapacidades.

No se trata de “refregarles” que tienen una discapacidad, sino por el contrario que ellos estén concientes de su dificultad para así juntos ir descubriendo cómo aprender a vivir con esta discapacidad.

(Recuerdo mi  artículo “Te quiero con tu síndrome de Down”)

 

Si esto está asumido, no veo cual es el problema de evidenciarlo con el resto, con el objetivo de crear redes de apoyo.

Así como entre hermanos enseñamos a que se cuiden, entre compañeros  también lo deberían hacer.

Lo que sucede es que generalmente el tiempo pasa y dejamos que las cosas fluyan. Y cuando menos nos lo esperamos el daño ya está causado.

Pienso que no basta con hablar de ser solidarios y generosos. Siento que a veces es necesario ser más concretos para generar cambios reales que trasciendan las buenas intenciones.

Recuerdo un retiro del curso de mi hija en el que el tema central era ser solidarios y generosos. Durante toda la jornada se expusieron buenas intenciones y pensamientos hermosos. Sin embargo a la hora del recreo

cada quien procuraba por su bienestar personal y mi hija por supuesto figuraba sola.

 Estoy segura que esto es muy común que pase. Los niños están aprendiendo y esto significa procesos a veces bastante largos. Sin embargo, en la adolescencia pienso que hay mayor madurez para “bajar a tierra” temas como este que pudieran facilitar el proceso al menos de nuestros hijos con síndrome de Down.

Al hablar de síndrome de Down, hablamos de necesidades educativas especiales. Desconocerlas podría significar dificultar el camino que  con muchísimos esfuerzos estamos trazando en conjunto.

 

Considero que es mucho más asertivo hablar de discapacidad intelectual, dejar el miedo de lado y ser preciso en lo que esto significa para poder abordar las necesidades que abarcan también el área social.

 

Quisiera recordar una mamá de otra chica con síndrome de Down a la que un día  por el pasillo del colegio le pregunté: “¿Cómo has estado?”.

Su respuesta fue: “ayer mal, hoy bien……  qué intenso es esto”.

 

Así es…si nuestros hijos están bien nosotros también lo estamos.

Sin embargo si ellos caen, caemos con ellos. ¡Estarán también de acuerdo que es muy intenso!

 

Por lo mismo debemos buscar redes de apoyo, y no darnos por vencidos….por supuesto que hay mucho  de lo que no podremos hacer nada, ¡pero estoy convencida que todavía nos queda mucho por hacer!… 

 

Karin Schröder

Junio 2008

→ 1 comentarioCategorías: Inicio

Padres que comparten experiencia que enriquece

Mayo 12, 2008 · 1 comentario

Catalina llegó a este mundo no solo con la sorpresa de que tenía síndrome de Down, sino que con tan solo 1.400 grs. de peso. Fueron momentos muy difíciles para todos los que la esperábamos, especialmente para su papá y para mí. Pasó 30 días en neonatología luchando para ganar peso y poder estar junto a su familia. Ese fue el primer indicio de que ella quería luchar y esforzarse y lo fue demostrando a lo largo de sus días. Comenzó el jardincito de 1 año con 7 kilos y aprendía sin parar. Nos seguía sorprendiendo con sus logros; caminó al año y 7 meses y comenzó a decir sus primeras palabras por ese entonces. Siguió su escolaridad normalmente en colegios integradores y con sus maestras de apoyo, y a los 9 años comenzó a leer después de mucho practicar. Cada vez leía mas cosas, carteles, avisos en el diario, la televisión. Sinceramente no lo podíamos creer, nos hacía emocionar hasta las lágrimas, a todos los que la escuchábamos y ella ponía una cara de felicidad indescriptible. Se daba cuenta del paso enorme que había dado. Ahora tiene 10 años y va a la biblioteca de su escuela y retira libros que luego nos lee unas 20 veces y los disfruta a pleno. Catalina nos ha enseñado tantas cosas, que no tiene proporción a lo que le hemos enseñado nosotros. Básicamente nos enseñó que con confianza se puede lograr lo que queramos y eso lo demostró desde el momento en que nació. Recuerdo que pensábamos que nuestras vidas se terminaban y en realidad no podíamos darnos cuenta de que no sería tan difícil, es cuestión de darles la oportunidad, la confianza y básicamente el AMOR que cualquier niño necesita para crecer feliz.

Cecilia y Alejandro

 

A continuación podemos ver un video que nos han enviado con el objetivo de compartir su experiencia en torno al aprendizaje de la lectura de Catalina.Sin duda un maravilloso ejemplo y  desafío  para todos los  que estamos insertos en el tema de educación y niños con síndrome de Down. ¡Felicitaciones a Catalina y a estos padres que con su fortaleza y capacidades han logrado lo que veremos a continuación!:

 

→ 1 comentarioCategorías: Inicio