Son ya muchas las madres de hijos e hijas con síndrome de Down o con otras discapacidades con las que he tenido el privilegio de compartir experiencias.
Muchas experiencias y sentimientos que hacen que logremos una comunicación muy fluida en la que calzan experiencias similares de alegrías y dolores, de logros y frustraciones, de encantos y desencantos.
Son tantas las necesidades de nuestros hijos e hijas y tanta la demanda que el entorno exige (o que una misma se auto exige) que no es extraño encontrarnos en situación de colapso o de búsqueda del equilibrio.
Sin embargo nos cuesta centrar nuestra mirada en nosotras mismas, tal vez frente a un implícito “yo me la puedo sola” o un “lo importante es sacar adelante a mi hijo o hija.
Omitimos la parte “yo” para entregarla al “tú” en un amor de madre que entrega incondicionalmente todo a un hijo o hija.
Bien vale la pena detenerse frente a esta temática, en la que supuestamente se considera que el preocuparse de una como madre, pareciera que entendiéramos nosotras mismas como un egoísmo superfluo, frente a tanta necesidad de nuestro hijo o hija.
En mi camino he ido aprendiendo que los desafíos a los que me enfrento junto a mi hija requieren de mucho equilibrio como adulto, de manera de ir abriendo camino, más que ir entorpeciendo espacios de oportunidad.
Los procesos son muy lentos y cuesta creer que aun existe tanto mito frente a las personas con síndrome de Down. Día a día, junto a nuestros hijos e hijas con síndrome de Down, vamos educando nuestro entorno con mucha paciencia. Sin embargo todas las madres sabemos que con frecuencia no es fácil y que las energías por momentos se agotan.
A ratos es necesario ponerse en primer lugar, pues si yo, madre, no estoy bien, no podré apoyar bien a mi hijo o hija.
Pues si yo madre, no estoy bien, no habrá terapeuta que podrá suplir mi rol de madre.
Pues si yo madre no estoy bien, no está bien…todos merecemos estar bien y podemos estar mejor cada día.
Madre, “Tú también eres SAL de la vida”, pero para serlo mejor, debes reconocerlo, y con humildad buscar o aceptar ayuda cuando lo requieras.
No podemos “aliñar” la vida si no tenemos una pequeña cuota de egoísmo bien entendido, que reconozca nuestro significativo rol de entrega.
Pero difícil es entregar, si lo que hay son vacíos y desequilibrios, que son ubicados en un segundo plano para cuando se pueda….que además nunca se concreta, porque el primer plano es lo más visible.
Mamá no dudes en ponerte en primer lugar y ser humilde para buscar ayuda.
Tu equilibrio y tu paz interior valen más que cien terapias de apoyo para tu hijo o hija con síndrome de Down.
Tu equilibrio y tu paz interior son prioritarios para entregarle lo mejor a tu hijo.
Tu equilibrio y tu paz interior son clave para poder aseverar cada día junto a tu hija o hijo con síndrome de Down, que están bien y que mañana estarán mejor.
Tu Fe, la roca para ir construyendo firme, teniendo la certeza de que la tierra se estremece a menudo.
Padres, profesores, terapeutas y especialistas de apoyo necesitan revisar esta necesidad y no aminorar la atención que requiere una madre con un hijo especialmente si ese hijo tiene una discapacidad. El rol irremplazable de una madre en la educación de su hijo con discapacidad intelectual o síndrome de Down es fundamental, por ende, su apoyo también lo es.
Permitirnos desenfocar la necesidad del hijo o hija para enfocar en la necesidad de la madre puede además, potenciar muchos esfuerzos para ayudarle finalmente a ese hijo o hija.
Comenzar por un “Madre ….y TÚ cómo estás” puede hacer la diferencia…..
Febrero 2011, Karin Schröder