Archivo mensual: octubre 2007

Cinta de Caminata

Sin ser experta en temas de motricidad y desde mi rol de mamá,me parece interesante esta propuesta que puede facilitar las habilidades para caminar.Sugiero la lectura de las investigaciones que se han hecho al respecto y ojalá poder compartir opiniónes de terapeutas y kinesiólogos que nos orienten desde su experiencia.
Vivianne Schnitzer  (vsh@umich.edu)  habla en español por lo que pueden contactarse con ella con mayor facilidad.

El enlace es:

Cinta de caminata,Universidad de Michigan.

A mi me tocó

Quisiera hacer una reflexión a cerca de un tema que se repite muy a menudo cuando hablamos de integración: ¿estamos preparados?

Esta interrogativa tiende a responderse rápidamente, casi impulsivamente con un NO.
Pues bien, voy a aproximarme al tema desde 2 perspectivas:
¿Estamos preparados como educadores? / ¿Estamos preparados como padres?

Es muy común encontrarse con equipos pedagógicos a punto de desertar el camino de la integración debido a la falta de preparación que han tenido en sus estudios respecto a alumnos con síndrome de Down.
Esto conlleva una serie de miedos absolutamente válidos, tanto como para los padres que recibimos a un hijo o hija con necesidades especiales, como para profesores que recibimos un alumno/a especial.

Quisiera contar mi experiencia como madre.
Si bien yo estudié educación, hasta antes del nacimiento de mi hija con síndrome de Down formé parte de la gran mayoría de personas de mi país que no sabían mucho del tema. (Y si algo sabía, fue mito).
Básicamente no sabía nada a cerca de personas con síndrome de Down, tenía mucho miedo a enfrentar esta nueva situación.

“Me tocó” tener a mi primera hija con síndrome de Down.
Fue como comencé desde cero este camino con mi hija.

Apostando a la educación, a su mirada, a su persona y a mi capacidad de enseñar. Y es que cuando uno enseña como mamá, puede que se equivoque en muchas cosas, pero si hay, amor, buenas intenciones, un poco de interés por saber más del tema y creencia, nada puede salir demasiado mal.

Entonces “casualmente” participé en una misa, cuando entró mi hija al Colegio. Fue la primera misa que asistí en aquella Institución.
El cura fue enfático al asegurar que cada uno de nosotros tiene misiones en la vida y que nadie más que uno puede resolverlas, es decir, nadie resolverá mi misión por mí.

Haciendo un traspaso de lo escuchado en misa , a mi “me tocó” educar a mi primera hija con síndrome de Down, no hay más opción para mi como madre, de sacarla adelante y luchar por su felicidad, que finalmente también es la mía. Sin duda tuve la suerte de contar con herramientas concretas en educación por mis estudios.

Mirando hacia atrás, siento que no ha sido fácil, pero ha sido tremendamente reconfortante.
Como me dijo un día otra mamá con una hija con síndrome de Down: “esto es intenso -cuándo es bueno es bueno, -cuando es malo es realmente malo-.” (Refiriéndose a nuestras vidas, con nuestras hijas con síndrome de Down)
 De que me he equivocado a veces, si claramente, he ido aprendiendo de mis errores.
¿Y el futuro? Nada está escrito… ya no hay tantos miedos, más bien hay luces que anuncian la prolongación de nuestra felicidad…

Doy gracias a Dios por permitirme vivir este camino en la que hoy llamo la “verdadera educación” o la “educación en esencia”. ¡Es educar a quién más requiere apoyo y quien más tiene dificultades para aprender! Sin duda esta mirada ha sido un gran aporte también en la educación de mis otras dos hijas.

Entonces me pasa que cuando escucho al profesor/profesora, que está en la incertidumbre de si apoyar o no la labor titánica de la integración, que dice no estar preparado para educar…, me surgen sentimientos que me remontan al nacimiento de mi hija…. y pienso…”no es necesario estar preparado desde la formación o malla curricular, sólo se necesita amor, buenas intenciones, interés por saber más y creencia.(en el niño/a y en las capacidades de uno para enseñar)…. nada puede salir demasiado mal .Lo demás se aprende sobre la marcha.

¡Si además te has formado en la educación… te invito a sacarte los miedos…y a animarte porque estás absolutamente capacitado!
Tu responsabilidad está en asumir que realmente “te tocó”.

Karin Schröder
  2007

Hombre musculoso

Hoy quiero contarles lo que pasó con un alumno, porqué estoy segura que la experiencia que tuvimos con él, puede servir a muchos niños, padres, profesores y profesionales.
Domingo tiene 9 años, es un colorín con ojos azules preciosos, el que no lo conoce le parece que no estuviera conectado con su medio, tiene dificultades para hablar, caminó como a los 3 años, no jugaba con sus amigos, pero ha logrado en base al esfuerzo y al trabajo sistemático muchas cosas, seguramente habremos tenido errores pero nunca nos ha faltado confianza en él, sabemos que lo va a lograr.
Domingo está integrado en un colegio regular, donde asistió toda su familia, por lo tanto tiene que participar de diferentes actividades escolares.
Domingo tiene mucho miedo a los lugares cerrados y con mucho ruido, no quiere ponerse disfraces, por lo tanto imaginen cuando tenemos actos escolares……………. esto comenzó hace tres años, cuando él inició el colegio, era imposible que ingresara a un salón de actos, que quisiera ensayar, era impensable. Creo que cualquiera de nosotros hubiera dicho, “bueno que no participe de los actos” total no se pierde nada…………….. pero nooooooooo, ¿cómo que no se pierde nada???? Se pierde muchas cosas, se pierde el poder participar con el resto de los niños y todas las complicidades que surgen, se pierde poder “ser” diferentes personajes que enriquecen su cultura.
Es así como cada vez que había un acto escolar, era todo el equipo preocupado por tratar, sí dije bien, tratar de que pudiera entrar al salón de actos. Un montón de veces nos quedamos en el intento, porque Domingo cada vez que nos acercábamos al salón de actos, se tiraba al suelo, indicando que no quería, muchas veces se nos hizó pipí.
El año pasado tuvo un gran adelanto, fue capaz de ensayar con sus compañeros, imaginen!!!! Todos felices, pero el día del acto…….. nada, mucha gente, mucho bullicio, por lo que no quiso entrar a la sala, claramente la desilusión de todas los que habíamos participado era mucha…….. pero no bajamos los brazos, creíamos en él, que iba a ser capaz de salir en los actos escolares.
Este año había ensayado para el 18, dejó ponerse el disfraz y entró al salón de actos…………… nuestras expectativas subieron a mil………… pero en el momento de salir a escena, no quiso, el ruido lo molestó, tuvo que salir del salón de actos………..entre todos nos consolamos………….. “estuvo cerca, seguro que la próxima vez será”.
Un día de octubre llego al colegio a buscar a Domingo para su clase de fonoaudiología………. Y desde la entrada del colegio me llegó la noticia………. Domingo se había lucido!!!!!!!!!! Había salido de hombre musculoso!!!!!!!!!!! La emoción de todo el colegio fue enorme!!!!!! Todos estaban con lágrimas en los ojos, lo HABÍA LOGRADO!!!!!!!!!!!!!!!!! Después de mucho esfuerzo, después de saber esperar, después de saber manejar las frustraciones de los adultos, después de muchos intentos, lo logró.
Cuando pude llegar a él, cada una de las personas que me encontraban en el camino me contaban de la gran noticia, lo miré y una gran emoción me embargo todo mi ser, me acerque…………….. lo abracé y le dije “estoy orgullosa de vos, te admiro tú esfuerzo y voluntad” él………..me sonrió y abrazó muy fuerte…………… lo habíamos logrado entre todos………….fue la confianza en sus capacidades la que nos permitió seguir intentándolo, sabíamos que algún día íbamos a poder levantar los brazos, si bien a veces los bajamos, en equipo (profesores, padres, profesionales, niños) nos dimos la fuerza suficiente para continuar en la carrera…….. y después pensé, no casualmente salió de hombre musculoso…….. no de la masa muscular………sino de la fuerza, valentía y perseverancia.
La alegría y emoción de lo logrado deja en los corazones de todas las personas que participaron en este proceso, un gran mensaje…….

Mi invitación al compartir esta experiencia es, por más difícil que parezca no pierdan la confianza en sus capacidades, en que en algún momento será capaz de hacerlo, sólo tenemos que darles las oportunidades para poder llegar, cuántas? No lo sé, supongo que muchas…no importa cuantas dificultades tenga, si tiene o no problemas asociados, hay que intentarlo una y otra vez…. Pero siempre valorando el esfuerzo individual que los niños/as están haciendo, al igual que nosotros para lograrlo.

Silvia Fabiana Sevilla
Fonoaudióloga

Aclarando Objetivos

Cuántas veces no nos hemos encontrado haciendo cosas, sin tener claro para qué lo hacemos:
Hacemos un asado familiar, y terminamos satisfechos con el aperitivo; organizamos nuestra fiesta de cumpleaños y terminamos siendo los menos festejado ; trabajamos para hacer felices a nuestros hijos y terminamos gastándonos los recursos generados, en sicólogos que nos explican que el problema se ha generado por que no estamos en casa; nos lleva un año la preparación de nuestro matrimonio y no alcanzamos a estar un año casados; trabajamos para poder vivir y terminamos viviendo para trabajar; Podría seguir dando miles de ejemplos, sin embargo quiero referirme al tema de la necesidad de aclarar nuestros objetivos cuando hablamos de Integración.

Con frecuencia escucho a padres sobrepasados con sus hijos con Necesidades Educativas Especiales, a profesores sobrepasados con sus alumnos con Necesidades Educativas Especiales, y finalmente, que es lo más preocupante, a niños y jóvenes sobrepasados con sus propias Necesidades Educativas Especiales no atendidas.
Y es que creo vale la pena detenernos en cada una de estas instancias y evaluar y atender lo que está pasando.

En primer lugar quisiera echar una mirada a lo que acontece cuando nace un hijo con alguna discapacidad. Mencionaré más a las madres que a los padres, ya que mi experiencia personal es la de una madre.
Claramente algo cambia. Se produce un desbarajuste, nuestra escala de valores se reestructura, surgen nuevas necesidades y sentimientos entre otras cosas. Sin embargo me he topado innumerables veces con padres y madres que pretenden seguir la vida como si nada hubiese pasado. Si bien somos seres humanos adaptables y podemos seguir omitiendo una realidad por tiempos regulados por nuestra propia individualidad, en algún momento deberemos asumir nuestra realidad y optar por qué vamos a hacer con dicha realidad .

Algunos creamos redes de apoyos entre nuestros amigos, otros veremos si encontramos los apoyos con especialistas y otros con ambas instancias. Pero pensar y seguir viviendo sin asumir que debemos crear cambios, a favor de un niño o niña que ha nacido y que nos demanda cambios, o simplemente delegar en otros,no puede llevar a un buen camino.

Hace poco una madre explicitó tan claramente esta actitud diciendo “ Ay no, todo está tan bien, déjenme seguir tranquila”…mientras su hijo requiere ser aceptado, valorado y acogido con todas las necesidades a las que su madre no ha podido responder…..
Y es que un terapeuta puede ser excelentísimo, sin embargo su rol es de terapeuta y no de madre o padre. Si el rol de madre no se asume, no lo asume nadie por ella, ni el padre, ni la hermana, ni la abuela, ni la tía, por muy buenas que sean.
Por esto es tan importante que la madre al sentirse sobrepasada busque ayuda…y no intente ser supermadre sola o omitir que realmente necesita ayuda.
Necesitamos aclarar y priorizar entonces los objetivos….si la madre está sobrepasada no sacamos nada con ofrecer millones de terapias al niño/a especial, sino que la que necesita apoyo es la madre. Ese niño/a ante nada necesita una mamá emocionalmente estable ,que lo apoye y sepa priorizar lo que su hijo/hija necesita.

No hay nada más importante que el vínculo entre esa madre al menos medianamente estable y su hijo/hija. Todo el resto es secundario.
Un juego entre mamá/papá e hijo/hija, contar un cuento, abrazar a un hijo/hija son objetivos prioritarios, y qué fácil se nos olvida. Tal vez un cálculo de cuántas horas pasamos arriba del auto llevando a nuestros “hijos especiales” a terapia, contrapuesto a otro cálculo de cuantas horas dedicamos a estar con nuestros hijos compartiendo algo en común, puede ayudarnos a destapar una realidad alarmante, la que si logramos revertir puede favorecer enormemente nuestra calidad de vida y la de nuestro hijo/a.

Por otro lado están los profesores, preguntándose sin encontrar respuesta de
¿Cómo igualar las capacidades de su alumno/a especial a las de sus compañeros , si además no han sido preparados para ello?
Y lo más común…¿cómo hacer para que el alumno/a especial no note que es diferente?
De acuerdo a lo que mi experiencia me ha enseñado sugiero preguntar entonces:
¿Cuál es la razón por empeñarnos a igualarnos? ¿Porqué me empeño a esconderle a ese niño/niña su diferencia…como si fuera pecado ser distinto?

Recuerdo una profesora angustiada y cuestionando la integración, diciendo que su alumno de 4° estaba muy por debajo de los objetivos que lograban sus compañeros, es decir lograba objetivos apenas de 1°.
¡Pero si la integración es mucho más que compartir niveles de CI!
De acuerdo a la angustia de la profesora y si hacemos un paralelo ¡sería incompatible mi matrimonio, ya que soy educadora y mi marido ingeniero!…..¡Y qué bien nos llevamos, y qué diferentes que somos!
Nuevamente si aclaramos los objetivos de la integración sería más sencillo:
¿Buscamos igualar? ¿Buscamos tolerar? ¿o vamos aun más lejos y buscamos respetar y valorar?
Estamos hablando de desafíos educativos, no de problemas de aprendizaje. Si los profesores esperan que algún curso, seminario o postgrado los prepare para enseñar alumnos “especiales”, los invito a apurar los procesos acercándose a esos alumnos como personas, más que a trastornos y a apostar a las capacidades individuales de cada niño/niña, como en confiar en su capacidades como educadores.
Así como los padres debemos generar cambios en nuestro sistema familiar, los profesores debemos generar cambios en el sistema escolar, y no podemos recibir niños en los colegios omitiendo que esto significa atender una nueva necesidad que exige el niño/niña.

Es una realidad bastante común encontrarse con profesores que pretenden seguir la vida como si nada hubiese pasado. Acoger un niño/niña en un sistema escolar regular significa generar cambios internos al menos en los tiempos de planificación, creación objetivos individuales de acuerdo a un currículum común y reuniones sistemáticas con la familia y los especialistas . Pero pensar y seguir viviendo sin asumir que debemos crear cambios, a favor de un niño o niña con NEE que ha ingresado a nuestro sistema y que nos demanda cambios, o simplemente delegar en otros, no puede llevar a un buen camino.

Y finalmente están los niños y jóvenes con NEE. Apuntados como los discapacitados, expulsados de sistemas comunes por no cumplir con medidas establecidas por nosotros mismos los “normales”.¿Quién es el que establece los tiempos de reacción, los contenidos
a manejar, los puntajes para calificar dentro de “normal”?
Creo que sería mucho más eficiente y aportador enfocar nuestras energías en generar fuertes bases de autoestima enfocadas en las capacidades individuales de cada alumno.
Y que todos somos diferentes… ¿cuál es el problema? ¡Si es una realidad que además nos enriquece! Claro está que es más sencillo seguir poniendo el eje de responsabilidad en las dificultades de los que además hoy no cuentan con muchas herramientas para defender sus derechos. Cuando en realidad el eje debe transportarse a nosotros, los autodenominados “normales”,incapaces en su gran mayoría de dar respuestas efectivas que generen igualdad de oportunidades y calidad de vida para todos.

¡Ya basta de delegar roles entre padres y profesionales! Propongo que comencemos a trabajar en equipo, partiendo por aprender a escucharnos y respetarnos con nuestras propias diferencias.
Asumamos esta responsabilidad y aclaremos los objetivos comunes, para no seguir tomando grandes aperitivos cuando en realidad queremos disfrutar de un buen asado.

Karin Schröder

Yo Puedo


Este es un video creado por Invest for Children para el Proyecto Aura, en España.Las imágenes hablan de una teoría que ya  es una realidad, y de una sociedad que ha aprendido a aceptar y valorar las diferencias . Los padres y madres tenemos en esto una gran responsabilidad.La autonomía se desarrolla desde las primeras etapas de vida. Sacar tus miedos y apostar a que ellos también pueden (independientemente de sus capacidades individuales), puede que sea el primer paso a posibilitarles una mejor calidad de vida.

“La Inclusión Educativa y el cambio del Yo”

El tema de la Inclusión Educativa lleva ya más de treinta años en el tapete. Más bien hemos hablado de educación especial y de integración. Innumerables métodos y técnicas de apoyo a los niños con
Necesidades Educativas Especiales (NEE) han surgido buscando apoyar su desarrollo, con el objetivo de hacer para ellos una sociedad más justa y digna para vivir.

Sin embargo siento que hemos olvidado de hablar de nosotros. ¿Qué pasa conmigo cuando me enfrento a la persona “distinta”? Creo que fácilmente caemos en una postura que conlleva miedos y falta de información, la que lamentablemente en primera instancia nos invita a caminar por caminos paralelos o incluso contrarios a la inclusión.

Y es que la inclusión a mi modo de ver es un tema que va más allá de la necesidad educativa especial. Es un tema social que nos invita a reflexionar acerca del aporte de la diferencia del otro. Detenerse y pensar acerca de nuestra capacidad de acoger al que piensa disímil, al que reacciona distinto, al que es desigual. Claramente somos todos únicos e irrepetibles.
Obviamente hay unos más parecidos a otros, sin embargo somos todos diferentes.Pero el misterio nos surge cuando nos enfrentamos al que no se parece a mí.

Rápidamente nos surge un mecanismo muy poco empático, el que sugiere proteger mi “yo”,discriminando al “tú distinto”. ¿Cuándo realmente tengo la capacidad de encontrarme con el otro? Más fácilmente cuando surge la necesidad, más fácilmente cuando hay vínculos emocionales, más fácilmente cuando existe la posibilidad del contacto con el otro.

Es decir, cuando hay alguien “especialmente diferente” en mi círculo familiar, cuando he sido compañero, profesor o alumno de alguien “especialmente diferente”, o bien dentro de los círculos sociales que
frecuento. Es decir, más fácilmente cuando he vivido en ambientes de inclusión.

Sin embargo en los tiempos que vivimos seguimos buscando la “normalización del distinto”, e incluso en algunos países se ha legalizado el aborto del distinto.

Si bien estoy muy de acuerdo en apoyar a las personas con discapacidad para que logren desenvolverse en forma lo más autónoma posible dentro de nuestra sociedad común, cuestiono fuertemente cuál es la
responsabilidad que nosotros tenemos y que cómodamente no vemos, ni queremos ver.

En primera instancia pareciera más conveniente hacer que el otro cambie, se “normalice”,o bien sacarlo del círculo al que pertenezco para evitar esta sensación de incomodidad.
Esto último surge con mayor facilidad debido a que las personas en cuestión generalmente no cuentan con herramientas para defender sus derechos.

Es así como año a año, miles de niños, jóvenes y adultos con dificultades de aprendizaje(llámense
síndrome de Down, déficit atencional, dificultades auditivas , visuales, etc.), son expuestos a horarios muy extensos y poco efectivos olvidando, entre otras cosas, el derecho y la importancia que tienen los
momentos de descanso para todas las personas.

Igualmente en los Colegios comunes surgen frecuentemente decisiones de derivar a dichos niños a Colegios Especiales con argumentos como: “este niño está sufriendo aquí”, “estaría mejor allá”
(¿Implícitamente lejos de mí?).

Es entonces cuando al que más requiere que le enseñen, menos se le posibilita el aprendizaje. ¿Por qué este desenlace? ¿no nos aclara esto que en realidad buscamos la normalización?

¿No fue Jesús que nos decía que todos somos hermanos? Y que por ende ¿las comunidades
debieran ser como familias, incluyendo las comunidades educativas?

¿O es que dijo: Tú, que eres distinto, no estarás bien conmigo así que vete a la comunidad de al lado?

¿Cómo es entonces que hay tantas familias que luchan porque sus hijos sean incluidos social y
académicamente y fracasan en tantas comunidades donde no encuentran el compromiso?

Es por eso que creo que el tema de la Inclusión Educativa es un tema de compromisos.

El adulto reconoce y actúa frente a la necesidad de apoyo al niño para que desarrolle al máximo sus capacidades. Sin embargo se compromete a valorar a esa persona dentro de su comunidad, más allá de su condición o capacidad física o intelectual.

Una vez que asumo la responsabilidad de mi cambio personal, mi desafío personal, la inclusión comienza a ser un gran beneficio para todos.

Sin duda puede conllevar años de estudio, trabajo y lo más importante conciencia del valor real de toda persona con la que me encuentro. ¿Y cuándo estaremos preparados?

Probablemente no sea cuando tenga un gran y nuevo proyecto educativo para presentarle al niño
distintamente capacitado, sino cuando yo esté dispuesta a cambiar y dispuesta a comprometerme con el otro, por el simple hecho de querer acercarme a otra persona.

Karin Schröder