¿Cuándo lo/la postulo al colegio?

Frecuentemente surge la pregunta a los padres de cuándo deben entrar nuestros hijos o hijas al jardín, o al colegio.

En relación a esto seguro que han escuchado que los niños con síndrome de Down, casi por regla establecida e inamovible van 2 años por edad atrasados en relación a sus compañeros (si de escuela inclusiva se habla).

Así es como ya hace casi 9 años atrás yo figuraba en la entrada del Colegio al cual hoy todavía pertenecen todas mis hijas, esperando el turno del examen de mi entonces pequeña hija (3 años) Caterina.

Recuerdo que la coordinadora se me acercó (con justa razón) extrañada puesto que mi hija tenía visiblemente síndrome de Down y era pequeñísima, tan sólo 3 añitos. “¿No es que los niños con síndrome de Down entran con 2 años de retraso?”, me preguntó.

Yo asentí y repliqué: “tienes toda la razón, sin embargo el papel de postulación dice a partir de los tres años y ella ya los tiene cumplidos….por eso la traje….me encantaría que le diéramos la oportunidad”…. La coordinadora algo extrañada por la propuesta poco usual,( pero ciertamente con sentido),dio entonces a mi hija la opción de dar su examen.

Resultado….lloró todo el santo rato que estuvo lejos de mi y cuando la directora preguntó si había hablado (sabiendo de las dificultades de lenguaje que comúnmente encontramos en personas con síndrome de Down) Caterina dijo: “ ¡¡quiero irme a mi casa!!”

Así es como al año siguiente volvimos y hasta el día de hoy seguimos el la misma institución.

Si bien hay una historia y camino recorrido de muchas familias y personas con síndrome de Down, lo cuál ha generado una experiencia de la cuál es importante ir aprendiendo, creo que es primordial recordar siempre la individualidad de cada persona. Especialmente cuando de oportunidades se trata.

Ahora bien, ¿cuándo está el niño preparado para entrar?. La respuesta es categórica: cuando nosotros los adultos estemos dispuestos a asumir el desafío. Y cuando hablo de nosotros, hablo de no tan sólo de los profesores, sino con igual o mayor peso de los padres.
Pienso que no es primordial un “cuando sepa…el niño/a”, ni si quiera cuando se trata de cosas fundamentales como son: controlar esfínter, lenguaje mínimo, comportamiento adecuado etc.…

Si los padres y profesores logran trabajar unidos, acordando objetivos, cualquiera de los desafíos anteriormente mencionados no debieran ser un obstáculo para que el alumno/a emprenda su camino de escolarización.

Lamentable esto que planteo es muchísimo más complejo que lo que expongo en estas letras. ¿Por qué? Simplemente porque también nosotros somos personas individuales. Pienso que el ponernos de acuerdo entre adultos, saber escuchar al otro poniéndose en su lugar, comprometernos con la acción (no solo de palabra) son algunas de las problemáticas más habituales que dificultan la integración escolar.

La integración es un tema relativamente nuevo en nuestro país.
Tendremos que ir haciendo camino al andar. Sin embargo los miedos a equivocarnos son nuestro mayor enemigo.

¿Por qué? Presumo que es justamente porque nuestra sociedad nos enseña que al parecer nos podemos equivocar solamente cuando somos niños, con la excusa de que estamos aprendiendo. Pero no se bien en qué minuto y en forma abrupta, crecemos y somos “grandes”, lo que inmediatamente adjunta a las equivocaciones como condenas (por mínimas que sean).Implícito queda que como adultos seguiremos aprendiendo hasta la muerte, pero al parecer es un aprendizaje de “superhéroe” el que nos exigimos y especialmente exigimos al otro: Por ejemplo: “¿cómo es que el profesor no genera las adecuaciones?” “¿cómo es que esa mamá no lleva a su hijo al especialista?”…
Por supuesto que también existen padres y profesores con mala voluntad y con criterios poco entendibles, sin embargo apostaría que la mayoría quiere lo mejor para su hijo/a, alumno/a. Por eso es que partiendo de esa base, vale la pena ir generando espacios de conversación, apertura, y por sobre todo vínculos de confianza. Validar la equivocación como parte de nuestra condición humana y darle espacio a la oportunidad de ese niño o niña que necesita de nosotros más que ninguno para aprender y desarrollarse.

¡Esto es muchísimo más importante que si el niño sabe o no sabe algún contenido, domina o no domina alguna habilidad, tiene o no tiene alguna discapacidad!

Resumiendo entonces: ¿cuándo postulo a mi hijo o hija al colegio?
Creo que al menos sería justo, darle la oportunidad de efectuar el examen de admisión a la edad que corresponda, igual que a sus compañeros. Luego tomar una determinación de acuerdo a su madurez, no de acuerdo a sus capacidades cognitivas o condición genética.

Así es que ¡ánimo y compromiso! ¡No esperes más y cree en las capacidades individuales de tu hijo/a, alumno/a! ¡Pero más aun cree en tus propias capacidades! Recuerda que la equivocación es parte de nuestra humanidad.

Karin Schröder, Abril 2008

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