Archivo mensual: julio 2008

En la búsqueda de un modelo integrador

Distintas son las opciones que hoy nos ofrecen los establecimientos de educación privada en Chile, que se han abierto a la integración de niños con síndrome de Down u otras discapacidades.
Madres y padres que inician la búsqueda de colegios para sus hijos “especiales” se encuentran con diferentes posibilidades: hay Colegios que no admiten la entrada de niños con discapacidades; otros que aceptan a un alumno con discapacidad a partir de una mirada de tolerancia y ofreciendo un espacio a este niño o niña como una excepción; otros que realmente están comprometidos con la causa de educar a todos los niños que reciban, con una intención
que va más allá de la palabra.
Dentro de aquellos establecimientos que acogen a niños con discapacidad en su comunidad, hay escuelas con o sin proyectos de integración.
Algunos de estas instituciones cuentan con equipos especializados de apoyo internos, otros colegios cuentan con personas individuales a cargo de coordinar temas relacionados a la integración y otros establecimientos no cuentan con personal especializado interno.
En esta variedad algunos colegios exigen especialistas externos, otros niegan la entrada de profesionales externos.
Dependiendo de cada caso, hay instituciones que condicionan la estadía del alumno en el colegio, con el compromiso de los padres a
proporcionar una persona de apoyo ya sea tiempos parciales o tiempo completo….
En fin, podría seguir enumerando gran cantidad de variantes respecto a las alternativas que hoy nos ofrece la educación privada en Chile.
No podemos desconocer que hemos hecho un proceso con importantes avances en materia de inclusión educativa.
El sistema mejora y los alumnos con mayores oportunidades demuestran mejor rendimiento y mayor capacidad de autonomía. Los profesores se capacitan y hacen proceso al andar, logrando objetivos y mejorando su práctica profesional.
También nosotros los padres y madres hemos cambiado:
hace 10 años simplemente dábamos gracias a Dios por que nuestro hijo tuviera una opción en una escuela integrada (pues prácticamente no existían cupos).
La oferta de Colegios Integrados ha aumentado, y se ha visto que esto favorece a toda la comunidad. Hay nuevas políticas educativas que aspiran a una educación para todos como un derecho humano.
Se comienza a reconocer que la integración fomenta el desarrollo de valores como el respeto, habilidades de escucha, generosidad, solidaridad, valoración de la diversidad, entre otros.
Por todo lo anterior, y por nuestro excelente acceso a la información debido a los avances tecnológicos, hoy nos encontramos con padres mejor informados. Cada vez hay mayor cantidad de padres y madres que creemos en las capacidades de nuestros hijos e hijas discapacitados.
Cada vez somos más los que entendemos la condición de nuestros hijos e hijas con discapacidad como un desafío, que requiere en primera instancia de cambios sociales.
Cada vez estamos más convencidos de la importancia de ofrecerles los apoyos necesarios a nuestros hijos/as para que logren una vida autónoma.

Aquí quisiera detenerme en un punto, que independiente a la modalidad que nos ofrezca el establecimiento educativo, es fundamental que funcione, hablo de las adecuaciones curriculares.

Estarán de cuerdo conmigo que para que cualquier alumno avance en su desarrollo, este debe contar como mínimo con un plan de acción, es decir con objetivos y con un material de trabajo.
Sin embargo esto que parece tan simple, no lo es.
También aquí son muchísimas las razones por las que fallamos como sistema.
Sin embargo considero que lo que más nos sigue perjudicando son nuestras creencias.
Recuerdo un caso de una profesora que no evaluó a una niña con síndrome de Down argumentando inocentemente “para qué la vamos a evaluar”…a lo que su madre contestó “porque es su derecho”.
Frecuentemente me encuentro con mamás desconcertadas por:

• Problemas de conducta (generalmente asociados a que el niño/a se “arranca” de las sala)

• Reducción de horarios (hasta medio día) de su hijo con síndrome de Down, argumentando que el alumno/la alumna se duerme en clases.

Si esto es así cabe preguntarse….¿será realmente esto una característica de los alumnos con síndrome de Down?…
Como me rehúso a creer lo anterior me pregunto:

¿Cuenta ese alumno con objetivos y con un material adecuado de trabajo en los ramos que presenta dificultades?

Pues en la mayoría de los casos con los que me he encontrado la respuesta es negativa.

Queda entonces por resolver porqué esto no funciona y ser más ejecutivo en dar respuestas a ese niño que hoy está llamando la atención a través de conductas inadecuadas.
Un niño/a con síndrome de Down que se arranca está explicitando que necesita que se le tome en cuenta, que es parte de los alumnos de la sala y que por ejemplo, no le da lo mismo recibir muy a menudo hojas de Block y lápices de colores.
Un alumno/a con síndrome de Down que se duerme en la sala está avisando que no entiende lo que está haciendo el resto y que probablemente de aburrimiento se duerme y no de cansancio como se suele interpretar.

Sucede que al existir problemáticas con los niños y niñas en la escuela, se centra la razón de la dificultad inmediatamente en el niño (más aun si tiene una discapacidad). Invito entonces a cambiar el eje de concentración hacia lo que pasa alrededor de ese niño.

Por supuesto que esto es un proceso que requiere generar cambios en nuestro actuar y que demanda energía y tiempo que hoy no estamos contemplando. Puede que los profesores ya estén sobrecargados de trabajo con sus alumnos regulares. Habrá que atender entonces esa necesidad de cómo se apoya a ese profesor para que cumpla también con su alumno con discapacidad.

De si es posible o no, puedo dar testimonio de profesoras de mi hija que han reconocido y asumido la importancia de su presencia en la sala (un curso de 35 alumnos) y que están adecuando absolutamente todo el material.
Ellas al igual que yo han podido ver y disfrutar de su creciente motivación y sus importantes logros.
Sin duda estas profesoras han tenido que generar cambios. Han tenido que incluir, a la hora de planificación de su clase, que tienen una niña con síndrome de Down y que esta requiere de apoyos especiales.
Podrán imaginarse mi cara cuando mi hija llega contándome por ejemplo, “que la casa está entera hecha de “moléculas”.”
Lo notable es que las profesoras que están adecuando el material de trabajo de su ramo son muy diversas también. Profesoras con muchos años de experiencia en educación y otras con menos recorridos. Lo común: su creencia y su compromiso.

Sin duda esto también parte desde la dirección del colegio y sus políticas internas.
¿Qué sucede cuando el profesor no adecua?
¿Hay alguien en el colegio que evalúe si esto está funcionando o no?

Habitualmente somos las mamás que nos damos cuenta que los cuadernos y carpetas luego de un semestre siguen vacíos….
¿A quién acudimos entonces? ¿Cómo hacemos para no ser catalogadas por “mamás ansiosas”?. ¿Qué canal de comunicación es el más efectivo para una propuesta constructiva?
Nada fácil ¿no es así?
Estoy segura que a través de estas palabras estoy interpretando el sentimiento de muchas mamás….y tal vez sobre-exigiendo a los profesores que hoy tal vez no se sienten preparados.
Sin embargo la educación es un derecho de todos y ser profesor también exige capacitarse y avanzar de acuerdo a las exigencias que surgen en el tiempo.
Nuestros hijos/as no pueden seguir esperando, ya está demostrado que ellos pueden si les damos la oportunidad.

Tal vez solo falte replantearnos algunas preguntas básicas:
• ¿Creo?
• ¿Quiero?
• ¿Hay objetivos y un material adecuado?
Y una palabra nada amigable pero demasiado necesaria……
• ¿Fiscalización?

Y si esto funciona….hablemos de reducción de horarios, problemas de conducta y otros….

Antes de esto la palabra inclusión aun queda demasiado grande…

Karin Schröder
2008, julio