Archivo mensual: agosto 2009

Cuidado con el vidrio quebrado

 Bastante seguido nos pasa que  algo se hecha a perder en casa: por ejemplo, un niño tira una pelota y se triza el vidrio.De inmediato pensamos en quién podría venir a arreglarlo, pero pasan los días y entramos en rutina.

A la semana  siguiente el vidrio ya no se ve tan mal quebrado, puedo hasta poner una planta al frente que lo tape.

Pasan las semanas, los meses y hasta años, y el vidrio quebrado pasa a ser parte de la normalidad de la casa.

 Nuestra generación está recibiendo una sociedad que asemeja en muchos aspectos una casa con vidrios quebrados. Y es que como hemos recibido un concepto de discapacidad desde el minusválido o el incapaz, nos cuesta ver y entender los beneficios que generan el cambio que destaca la persona sobre su discapacidad.

 “Y es que como veo todos los días a esa señora adulta con síndrome de Down, casi anciana, jugando con una muñeca, es parte de mi realidad. La realidad que conocí siempre hasta ahora…..”

“Y es que como ninguno por años ha aprendido a leer, supongo que eso es normal  y además para qué….”

 “Y es que como nunca han estudiado y trabajado, no veo porqué lo tengan que hacer hoy….”

 “Y es que como él está postrado y siempre lo ha estado, no veo porque necesitaría sentarse en una silla de ruedas…..”

 “Y es que como nunca me ha dado su opinión, nunca se la he preguntado….eso es así.”

 “Y es que como siempre han sido dependientes, así seguirá siendo”

 “Y es que como no reclaman….para qué voy a hacer el esfuerzo”

 Así podría seguir con una larga lista de afirmaciones de situaciónes que hoy forman parte de nuestra realidad nacional, tanto en regiones como en la capital.

¡La falta de oportunidad que se ha generado por generaciones es tremenda!

¿Qué me ha hecho cambiar a mí?

Bueno pues lo mismo: La oportunidad.

La oportunidad primero, de dejar entrar a Dios en mi vida, mi matrimonio y mis hijas. La confianza de que las cosas no son casualidad sino “Diosidencias”.

 La oportunidad de la experiencia de dolor  que hace crecer ,con un sentido claro.

La oportunidad de conocer otras realidades dentro y fuera de mi país.

La ventaja de tener y hacerme el tiempo de ver al otro a los ojos para reconocer en él su corazón.

La  suerte de buscar, confiar y encontrar el espacio social para entregar lo aprendido.

 El  ver otras realidades, apostar a que intentaré con todo mi esfuerzo ofrecer múltiples oportunidades a  mis hijas, por supuesto dentro de mis posibilidades, y verlas como crecen en su espíritu, me ha hecho darme cuenta del “vidrio roto”.

Aquí hay muchas cosas que necesitamos reparar como sociedad, partiendo por nuestros valores.

Mi ceguera comenzó a desaparecer cuando vi en España que gran parte de las señoras con síndrome de Down tienen opciones para recrearse, participar de programas sociales, trabajar y vivir en departamentos tutelados (apoyados por tutores).

 Volví a ver cuando entendí que aprender a leer significa primero enseñar a leer. Significa estrategias de enseñanza y por sobre todo creencia en la persona por sobre su condición intelectual.

 Cuando vi con mis propios ojos que hay muchas personas con síndrome de Down que transitan por las calles en forma autónoma hacia o desde sus trabajos y que la dificultad no era el síndrome de Down sino el contexto en que se desenvuelve.

 Cuando entendí que el que está postrado se alegra cuando lo voy a ver y no quiere volver a la camilla sino sólo para la hora de ir a dormir.

 Mi mente y mi corazón comenzaron a funcionar mejor cuando descubrí que los que aparentemente menos podrían tener capacidad

de opinar, opinaban. A veces con gestos, y otras veces verbalmente.

Y que la expresión de la opinión de la persona con discapacidad depende mayormente si le ofrezco el espacio para ello.Aprendí que el que si le entiendo o no, depende de si soy capaz de escucharlo e interpretarlo, más allá del lenguaje que se use.

Entendí que la autonomía es el pasaporte a la alegría, y que más que bonito es necesario e importante. Vi que sobreprotección es sinónimo de miedo y  egoísmo. Que oportunidad es sinónimo de derecho.

 Comencé a entender que el vidrio está en problemas cuando no soy capaz de transmitir la relevancia de la inclusión. Entendiendo que cuando hablo de inclusión no sólo hablo de espacios incluidos.

Quisiera  detenerme en este último tema.

Generalmente cuando hablo de inclusión, hablo en resumen de espacios comunes al servicio de todos. Sin embargo la inclusión es muchísimo más amplia e independiente del espacio.

Se puede también hablar de inclusión en la escuela especial. Esto suena casi contradictorio, sin embargo intentaré describir porque esto no es así. Y es que yo incluyo en primera instancia cuando respeto y reconozco al otro de igual a igual.

Cada día me convenzo más de la perfección divina en la discapacidad. Y es que cuando logro reconocer al otro como persona, automáticamente reconozco que tiene necesidades y derechos igual que yo.

Entonces al reconocer que el  otro siente como yo, reconozco que  necesita mi compañía (a la vez que yo necesito de él),  mi apoyo(a la vez que me apoyo en él),  etc….Y a partir de eso se genera la primera instancia de inclusión, esté dónde esté.

Este último convencimiento es muy poderoso, puesto que si yo realmente reconozco al otro, en su diferencia, igual a mí, ya no lo requiero incluir: supone una inclusión dentro de un todo, para todos. No soy yo quien incluyo, sino  que estamos TODOS incluidos.

Recién ahí vamos a lograr comenzar a reparar el vidrio como sociedad. Entendiendo que esto no se trata de favores sino de valores, y que la  deuda es social, no asistencial.Siendo aun más precisa, la deuda se salda con el compromiso de cada uno de nosotros, no con el dinero de unos pocos.

Karin Schröder, agosto, 2009