Archivo mensual: octubre 2010

Educación

Latín

 educere: “guiar, conducir”  /o educare “formar, instruir“

Educar es:

El proceso multidireccional mediante el cual se transmiten, conocimientos, valores ,costumbres y formas de actuar.

La educación no sólo se produce a través de la palabra: está presente en todas nuestras acciones, sentimientos y actitudes.

Así como cada persona es diferente, también existen disferentes formas de educar. Me parece válido que cada uno busque responsablemente cuál es la mejor forma para educar a sus hijos e hijas. Andrea y Victor Hugo, queridos amigos nuestros,  han buscado un camino alternativo frente a la ” educación standart”. Se han atrevido a emprender nuevos caminos concretos frente a la crítica de el sitema escolar actual y estan educando a sus 2 hijos en casa.

  En su reflexión constructiva y  su actuar consecuente  son un significativo  aporte.

Sugiero  entrar en el siguiente enlace: http://educandoenlacasa.wordpress.com/2010/10/17/la-necesidad-de-cambio-en-la-escuela/

“Síndrome de Down: Comunicación que transforma”

(Más allá de las palabras)

Son numerosos los artículos referidos a los problemas de comunicación de los niños y niñas con síndrome de Down. Sin embargo nos hemos olvidado preguntarnos cómo andamos por casa con temas relacionados a la comunicación.

Quiero abordar este tema porque una buena comunicación es  relevante a la hora de  apoyar la educación de niños y niñas con síndrome de Down.

Aprender a  comunicarnos con nuestros hijos e hijas con discapacidad intelectual, con nuestra familia más cercana y con los profesores y profesoras de nuestro hijo o hija con síndrome de Down cobra considerable importancia  y es con frecuencia muy complejo. Ya lo es en cualquier escenario, más aún cuando agregamos factores que nos hacen a todos más vulnerables.

Comunicarse no es sólo hablar. Es más, puede existir comunicación sin que existan palabras. Como también pueden existir muchas palabras sin que exista comunicación.

Mi hija con síndrome de Down y en general las personas con discapacidad intelectual, con las que he tenido la oportunidad de compartir, me han enseñado a estar atenta a una comunicación de significativa importancia: la comunicación que proviene del alma, que es real y que muchas veces se lee en la mirada. Habilitar este increíble canal de comunicación es realmente transformador, ya que una vez desarrollado, se puede utilizar con todas las personas.

Sin embargo existen requisitos básicos para lograr dicha comunicación. Uno de ellos es aquietar el alma y lograr una actitud de acogida hacia el otro. Hablo de una comunicación que nace desde la preocupación por el otro. Nada fácil en una sociedad que corre por ganar dinero y/o  “chapitas de reconocimiento”, sin importarle  el prójimo más allá de bonitas palabras.

Para poder comunicarme de forma efectiva necesito estar conectado en primer lugar conmigo mismo.

Nos sigue costando ver hacia adentro porque requiere que detenga mí actuar y que haga silencio. Silencio que invita a verse y a ver al otro, no en el estar, sino en el ser.

En nuestro apuro en aplicar técnicas que fomenten el habla (que también son importantes pero no prioritarias) siento que  omitimos el capítulo 1:” Yo, ¿me comunico?”

Más importante que exigir que cualquier niño o niña con síndrome de Down se exprese con palabras, es revisarme yo mismo para ser capaz de comunicarme con cualquier persona. Se trata de encontrar la paz interior  para que desde el más delicado respeto y la tranquilidad del alma, logre la conexión con el otro.

En esa transformación personal es que lograremos comunicarnos con o sin palabras, con o sin síndrome de Down.

Tener dificultad para hablar sin duda que hace la vida más complicada….pero muchísimo más complejo  es poder hablar y no lograr comunicarse.

¡La discapacidad intelectual invita!

Karin Schröder, Oct – 2010

¿Cuándo le cuento que tiene síndrome de Down?

Con frecuencia existe el cuestionamiento de cuándo contarles a los niños o niñas que tienen síndrome de Down.

Y me surge de inmediato el ¿porqué esperar para decirle? Me imagino que tendrá que ver con los miedos a la connotación negativa que aun le damos al ser distinto.

Como siempre, creo que antes de actuar necesitamos revisar nuestra creencia con respecto a esos miedos. ¿Qué pienso a cerca del que es distinto? ¿Me doy el tiempo de frenar y acercarme a él o a ella, más que a su “diferencia”? ¿Qué me pasa cuando me acerco? ¿Yo misma/mismo soy diferente?

Valorar la diferencia significa en primer lugar estar dispuesto a hacer camino, a partir del Yo  vulnerable, del Yo distinto y del Yo valiente.

Las madres y los padres  en esto estamos muy solos:

Nuestros hijos con necesidades especiales  nacen y nosotros corremos en busca de ayuda para ellos. Sin embargo olvidamos algo relevante, tal vez lo más importante…buscar ayuda para nosotros, apoyo para validar en primer lugar nuestros sentimientos y nuestros miedos. La discapacidad irrumpe con fuerza en nuestras vidas, y nosotros en nuestro apuro se la colgamos a nuestros hijos e hijas…por supuesto que desde las mejores intenciones, me incluyo en este proceso, hablo desde mi testimonio de vida.

Sin embargo he seguido aprendiendo de la vida: para  mí, las personas con discapacidad intelectual  no son una casualidad…lo he dicho en muchas de mis reflexiones. Cada persona es un aporte, cada persona forma parte de un todo necesario, cada persona es perfecta frente a los ojos de Dios.

Desde ahí reconocernos diferentes, con nuestras capacidades y discapacidades, posibilitará potenciar nuestras fortalezas. Tener autoconciencia de nuestra persona en su totalidad, no puede ser más que bueno.

Si estamos conscientes de nuestras debilidades podemos ir en  busca  de ayuda, en los momentos correspondientes, apoyándonos en nuestros dones. Lo común en el ser humano es justamente nuestra vulnerabilidad. Hacer como si esto no fuera, es el peor favor que nos podemos hacer. Es así como iremos en busca de apoyo frente a nuestras necesidades individuales, llámense especiales o no.

La autoconsciencia, desde el valor de cada uno en su diferencia, mejora la autoestima. Y no es novedad que una buena autoestima es comparable a tener pasaporte a la felicidad.

¿Que cuándo debo contarle a cerca de su síndrome de Down?  Pues bueno, es su derecho saberse diferente para construir sólidamente sobre y con su diferencia. Como lo hemos tratado de hacer todos nosotros con  nuestras propias vidas y a partir también de nuestras diferencias. Ojalá entonces lo antes posible…no desde “un problema” sino desde una condición diferente, necesaria en un mundo que se enriquece a partir de las diferencias. Sin ponerle más y sin ponerle menos. Tal como es.

¿Que por qué hablas diferente? Pues porque yo necesito detenerme a escuchar lo que dices.

¿Qué por qué  te demoras más? Porque yo necesito  ser más paciente.

¿Qué por qué no veo resultados inmediatos?  Porque estoy  desafiado al amor incondicional.

¿Qué por qué a momentos parece que no me alcanza el tiempo? Porque necesito establecer prioridades.

¿Qué por qué no hay receta? Porque somos todos diferentes y estamos convocados a construir  proyectos y llegar a acuerdos  a partir de nuestras diferencias.

¿Qué por qué  a veces me parece imposible? Porque necesito confiar más.

Parece utopía cuando en realidad  estoy preocupado de que  mi hijo /hija se porta mal, no hace caso, se arranca….y quiero solucionar eso concreto.

Cuidado, su conducta no es reflejo de una condición genética ni intelectual, sino una situación contextual…probablemente “sintomatizada” desde el corazón.

Reflexiona, detente…tal vez la clave esté en que necesita sentirse querido en su diferencia  y tu también en la tuya…

A partir de eso, le pondrás límites y consecuencias a sus actos. A partir de eso le exigirás de acuerdo a sus posibilidades. A partir de eso no tendrás miedo a decir “tú tienes síndrome de Down, y yo te amo en tu diferencia. El ambiente se enriquecerá con una mirada cómplice, delicada y única, que nace desde la valoración de la diversidad como un aporte hacia los tan necesarios cambios sociales. Mejor hoy que mañana.

 

Despierta, ¡necesitamos transformar la discapacidad!

Llevo tiempo tratando de ordenar mis ideas acerca de lo que siento que es la discapacidad. Probablemente por ahí comienza la definición.

Discapacidad es lo que nos hace levantarnos todos los días sin despertar a las prioridades de la vida. Es lo que nos apura para hacer por hacer, sin antes detenernos a pensar qué vamos a hacer. La discapacidad se infiltra cuando obviamos la importancia de la reflexión en soledad y en comunión.

Creer que la diferencia no afecta el entorno, indica discapacidad. Igualmente lo hace cuando connota la afección al negativismo.

Creer que el otro y que yo  no sentimos,  es discapacidad.

Discapacidad es aquello que me hace ver en el  otro algo diferente y lo convierte en malo. Es  justamente creer que ser diferente es tema de algunos. Es responder a la pregunta de quién soy, con cuánto he hecho.

Cuando hay discapacidad, no nos logramos poner en el lugar del otro. Cada vez que dejo de compartir lo descubierto, lo más preciado, lo que más esfuerzo me ha costado, eso es discapacidad. Tiene que ver con los miedos y con el alma. Es no ver, ni escuchar, cuando tienes la capacidad física de hacerlo. Es creer que al dar, gana el otro. La discapacidad se hace visible en quién la busca en el otro. La reconozco cuando enfoco la mirada en el resultado y dejo de reconocer el proceso y cuando en vez de ofrecer oportunidad, descargo responsabilidad en el otro. Aparece en el ver para creer, que anula el creer para ver, o simplemente el creer que entrega y confía.

Es complejo, porque la discapacidad transforma el  dolor en odio y supone que el tiempo repara. La discapacidad es perdonar por el otro.

Dejar de acompañar cuando no existe aparente solución, también es discapacidad. Construir sin antes permitirse el tiempo necesario para haber soñado, es discapacidad que incumbe peligro de derrumbe, al igual que construir a partir del borrón y cuenta nueva.

 Discapacidad es no considerar a todos cuando hablamos de todos. Discapacidad es cuando entra en juego el prejuicio y nubla la oportunidad del encuentro.

También es creer que los recursos son prioritarios a los proyectos.

Mientras siga existiendo el ser humano, seguiré encontrando parte de la definición de  la discapacidad: es feroz… sin embargo y aun sin lograr definirla en su totalidad, tengo la certeza de que la mejor cualidad que tiene la discapacidad, es que es transformable a partir del yo, del aquí y del ahora y que ese poder de transformación es insuperable a cualquier otra fuerza. Es para siempre.

La discapacidad es muy diferente a  la “Persona con discapacidad”.

Para poder definir a la persona con discapacidad, deberé arriesgarme a despertar para  encontrar mi propia discapacidad. Despertando es muy probable que  llegaré a la conclusión, de  que a ella (a la persona con discapacidad ) si es mejor conocerla que definirla.

Karin Schröder, Octubre 2010