Archivo mensual: febrero 2012

¡Ella puede más! (Mis miedos y su libertad)

En pocos días más Caterina cumple 16 años.

Nuestras hijas crecen y yo siento que debo dejarlas crecer. Nada fácil para una madre como yo, aprensiva por dónde la vean.

Fuimos de vacaciones al Norte Grande. Seguramente  el silencio del desierto de Atacama me ayudó a despejar ideas  junto a una querida amiga, que por “Diosidencia” es sicóloga.

Amiga y espejismos  me obligaron verme reflejada en una realidad que cambia y me exige cambiar.

Claro está: mi argumento para con Caterina  que cada vez que se aleja le decía “Donde mis ojos te vean” queda hoy totalmente obsoleto.

Mi amiga me dice : “Karin, necesitas soltarla. Nadie se muere un día antes. Necesitas confiar también en Dios”….lo “peor” de todo, mi amiga me dice y con ello me mata “Caterina puede mucho más”. Y con ello me dice claramente: “No le cortes las alas.”

Y es que estoy viviendo una etapa compleja, en la que se mezcla el confiar en mi hija y las herramientas que le hemos dado, escuchar cada día con mayor claridad lo que ella quiere y por otro lado irla guiando en lo que para ella es bueno.

Pero ese guiar, no es más que señalar lo que YO pienso, pero lo realmente importante es dejarla hacer lo que ELLA  decida.

Mi tema hoy es el respeto a su libertad y a sus derechos y ver qué hago con mis miedos.

Miedos míos, cada día más conscientes, que por supuesto me hacen daño….ahí veré como lidiar con ellos (ese es otro tema). Pero si esos miedos están directamente dañando la posibilidad de desarrollo de mi hija, claramente necesito generar cambios.

Comencé por lo menos por dejar de expresar mis miedos frente a mis hijas. Hoy me muerdo la lengua antes de decir que algo es peligroso.

Mi amiga fue clara en decirme que uno puede dar un par de indicaciones frente a los cuidados que se debe tener, pero nada más.

Caterina me demostró en cada momento de nuestras vacaciones que ella puede más.

Estuvo con nosotros a mas de 4000m de altura por 6 horas. (Con exámenes cardiológicos al día)

Disfrutó de las Cuevas de sal en San Pedro de Atacama. Subió y bajó por cuanta duna y cerro se nos ocurrió caminar.  Era la primera en tirarse a lagunas en medio del desierto, lagunas que no tienen fondo…

Se levantaba con ánimo y se acostaba cansada, pero feliz de la aventura a seguir al día siguiente.

A ratos con su música, a ratos junto a sus hermanas, y por momentos de mano de nosotros dos (madre y padre) contando historias que nos distraían frente a esfuerzos físicos más exigentes, para los tres.

La gente con la que nos topábamos, muy encantadora. Caterina, también encantadora con ellos: “¿Quiere que le saque una foto a todos juntos?”, preguntaba a los viajeros y sorprendía con su técnica para sacar fotografías que le había enseñado su padre….

De vuelta en la ciudad me son más evidentes mis aprehensiones que poco a poco voy venciendo:

En el supermercado: “Mamá:¿ puedo ir a ver los juegos de no se qué?” Si, vaya.

En el cine: “Mamá, puedo ir a  …” “Si, vaya” etc..

Tanto así que mientras hacía la compra de la semana en el supermercado, di un par de indicaciones a mis tres hijas y las dejé solas armando las lista de materiales que les correspondía a cada una para el año escolar.

Resultado: ¡Mis tres hijas pueden, también Caterina!¡Yo puedo! Nos hace bien a todos.

Me encuentro en la antesala del paso a la juventud de mi hija. Antesala que me obliga una vez más a verla a ella por sobre su diagnóstico.

Pasé la etapa de enseñarle, acompañarla en lo aprendido y ahora viene el mayor desafío: confiar y soltarla.

Me toca enfrentarme con su derecho, el síndrome de Down, mis miedos y su oportunidad. ¡Menuda mezcla!

Me siento como estar en el tablón de una piscina olímpica. ¡Entrené 16 años, ahora me toca dar el salto! ¿Quiero? ¡Si! …..¡Allá voy!