Archivo mensual: junio 2012

Bendita Diferencia

La inclusión educativa responde a la necesidad y el derecho de ofrecer igualdad de oportunidad a todas las personas.

Sin duda el plantearse atender las necesidades educativas desde la diversidad de un alumnado es un gran tema, especialmente cuando la escuela tradicional apuntó hasta hace un par de años a concentrarse en estudiantes homogéneos, que debían adaptarse a una clase estática y discursiva. Entonces el “alumno problema”, llámese inquieto, más lento, demasiado rápido, conversador etc…era simplemente expulsado frente al no poder adaptarse a una realidad que se daba por hecho como uniforme.

Entonces es cuando aparece la integración, como espacio que acoge en un principio a quién aparenta con evidencia el “ser diferente”. Con el tiempo hemos sido capaces, de manera pausada y reflexiva, de ir reconociendo la diferencia como parte esencial de todo ser humano.

Sin embargo en este proceso, el ser distinto aun suele entenderse con frecuencia como un error, muy cercano a la equivocación, marcado por una mirada de asistencia hacia un pobrecito que requiere apoyo de un “súper YO”. En nuestro camino, sin embargo hemos experienciado que cualquiera sea la diferencia de un SER HUMANO, ella viene a plantearnos oportunidades a TODOS encapsuladas en desafíos también para TODOS.

Aprendimos que cuando de inclusión se habla, no existen verdades únicas e intransables. Entonces lo diferente significa inminentemente sentirnos vulnerables e inexpertos. Esto último suele causar importantes cuestionamientos en una sociedad utilitarista, apurada y de expertos e individualista. No olvidemos sí, que esa misma sociedad es la que hoy se ha visto cada vez más sola y ávida de acompañamiento.

Un “distinto” puede sugerir demasiado desafío frente a un “igual” que ofrece sensación de comodidad, equilibrio y tranquilidad.

Pero entonces surge desde el mismo evangelio la Buena Nueva:

(Corintios 12:9) Pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.» Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.

Una persona, que aparenta de manera evidente su diferencia, o bien que no es capaz o no quiere esconder su diferencia, llega a desestructurar lo planificado, obliga a reconocernos vulnerables e ir en busca de ayuda.

“No es verdad que todos somos iguales”, asegura una joven con síndrome de Down, y agrega: “Dios no nos quiere a todos por igual: Él mira a cada uno como es”.

Dios no sólo nos mira a cada uno como es, sino que nos crea a cada uno distinto. ¿Se habrá equivocado en ello?

La perfecta diferencia, mal entendida como imperfección, es la que nos convoca a construir cambios sociales, desde la incomodidad y desde la otra mirada.

Nuestra única igualdad es la que nos condiciona a SER HUMANOS. ¿Estamos dispuestos a reconocer y reconocernos en nuestra diferencia y en la de todos nuestros hijos? ¿Cuáles son nuestros miedos?

A ratos lo mejor es enemigo de lo bueno.

Esto es como irse de viaje a un lugar para algunos más lejano que para otros. Si vas en avión llegas rápido pero te pierdes gran parte de las bondades del camino. Si vas en auto verás mucho más de lo que el paisaje te ofrece. Si caminas lograras ver mucho más detalles en tu camino, reconocerás con mayor facilidad que existen otros caminantes, si caminas lento agradecerás probablemente hasta el poder respirar.

La diferencia esencial de todo ser humano nos invita a ir más lento y aprovechar su riqueza.

Es necesidad perentoria el ponerse en el lugar del otro, el “soy desde mi pequeñez….” El llamado es a ver al otro y a comprometerse, a acompañarnos y aprovechar nuestra maravillosa diversidad.

La inclusión educativa no es más que la antesala para descubrir que somos todos distintos y que eso es un enorme beneficio. Cuando logramos comunicarnos y convivir en esa riqueza, cambia nuestra percepción de vida. Trasciende la palabra Éxito hacia la Común-Unión.

Inclusión no es igualdad, sino equidad.

Karin Schröder