Archivo mensual: enero 2014

Aprendizaje y Prejuicios (El cómo incide nuestra creencia en las oportunidades)

Si bien hemos avanzado en ofrecer oportunidades de aprendizaje aun existen muchas cosas que hacemos los padres, madres y profesores  sin siquiera cuestionarnos que estamos actuando, sin duda alguna llevado por nuestras mejores intenciones, pero tintados al 100% por nuestros prejuicios.

Así es como aun es bastante frecuente escuchar  e incluso que especialistas recomienden, que los niños con síndrome de Down deben entrar con 2 años de desfase al colegio. Es decir que de base , y por la única razón de tener síndrome de Down, no le doy la oportunidad de integrarse con los niños de su edad.

Yo no niego que es posible que exista un numero de niños o niñas que por madurez sea recomendable que entren uno o dos años más tarde al jardín o colegio. Lo que me parece nefasto es que estandaricemos partiendo de la base que todos son iguales, negando una oportunidad o más bien un derecho, tintado por prejuicios de una condición.

Si admisión dice  que recibe a 3 años, esa oportunidad debe ser por derecho, para todos. Habrá que analizar caso a caso quién está preparado para comenzar en qué nivel, un proceso de escolarización.

 

Otro ejemplo que sucede bastante frecuente es que cuando nos vemos enfrentados a ciertos aprendizajes como control de esfínter, en vez de adelantar procesos, los atrasamos. “Comience con eso a los 3 años…si tiene síndrome de Down”…recomienda el pediatra.

…NO , ¡todo lo contrario! ¡Comience el verano que cumple 1 año! Todo depende cómo lo haga: obviamente evitando es stress, que sea algo lúdico y entretenido para el niño o niña. Será proceso ganado si se comienza antes. Cada niño o niña tendrá su ritmo de aprendizaje. Alguno se demorará más que otro, ¡pero todos lo logran!

Si este año no lo logra ya habrá hecho camino y proceso para el año que sigue. Como bien dice el refrán : “no temas ir despacio sólo teme no avanzar”

El adulto ofrece la oportunidad, acompaña con cariño , mucha paciencia  y perseverancia.

Si con sus otros hijos comenzó al año, ¡no prive a su hijo con síndrome de Down del mismo derecho!

 

Recuerdo un señor que se me acercó un día orgulloso de su hijo con síndrome de Down que a los 2 años, “tan tierno” lo mordía. Mi reacción inmediata fue: “Señor, si otro hijo suyo lo mordiera a esa edad ¿usted también le celebraría esa conducta?”

El señor quedó muy pensativo y respondió negando esa posibilidad.

¡Ponga límites claros caballero!  A los 5 años, (que pasa muy rápido) ya no será tan divertido que su hijo le muerda, y tendrá mucho trabajo en desestructurar un aprendizaje inadecuado.

No porque tenga síndrome de Down debo tener otras normas o debo ser más permisivo. ¡Todo lo contrario! A más claras las reglas más fácil el camino. Que si es tosudo , bueno ,yo adulto lo seré más con mis reglas. NO transaré. Seré claro y existirán consecuencias.

Alabaré lo bueno y daré señales claras frente a lo positivo. No sólo diré “esto no se hace”, sino que acompañaré esa enseñanza explicando con claridad cómo sí se hace.

Muchas madres o padres no perseveramos , y para evitar la “pataleta” damos el dulce u otros beneficios. El niño entiende claramente el mensaje:

Pataleta = beneficios.   ¡Lo peor es evitar conflicto y flaquear  en límites!

El niño o la niña debe además entender que el adulto es la autoridad. Es decir: si la norma por ejemplo es ver televisión una hora al día, la televisión se apaga a la hora.

No caigamos en  estrategias como desenchufar la tele y decir al niño que se echó a perder la televisión.

El adulto manda, él adulto pone las reglas.  Si bien la reacción del niño en un principio  puede que sea llorar y hacer pataleta, el que el adulto ponga límites a largo plazo le dará mucha seguridad. Que su llanto no vulnere tu norma.

Habrá que sobrevivir a la ignorancia del vecino  del amigo  o de la abuelita, que juzgue desde sus prejuicios “Pobre angelito, cómo sufre con esa mamá tan bruja”

Todo niño necesita normas…con mayor razón las necesita un niño con síndrome de Down. Es su derecho y mi deber poner límites. Los límites los pones en tu tono de voz, en tu seguridad. Refleja cariño y firmeza. ¡No lo sobreprotejas ni creas que no entiende! Mi conclusión después de muchos años en esto, es que los que no estamos entendiendo, somos los adultos.

Karin Schröder