Archivo mensual: abril 2015

Autonomía en la ciudad (el tiempo es finito)

Diapositiva1 Desde que nacen nuestros hijos e hijas van teniendo desafíos. Se hace más evidente el desafío de ellos si está en directa relación a nuestro acompañamiento.

Nos preocupa que hablen, que caminen, que lean, que escriban, que aprendan del mundo y a cómo relacionarse con él. Paso a paso, poco a poco vamos conquistando nuevas metas de vida.

Caterina salió el año pasado del colegio y ya desde hace un par de años comenzamos a planificar proceso en cómo lograría el aprendizaje de manejarse de manera autónoma en el transportes público.

Comenzó la preocupación al ver que primero que nada requiere de tomar conciencia el cómo cruzar una calle. En ese entonces (a eso de los 12 años) Caterina se lanzaba a la calle sin tener ningún hábito de mirar hacia los lados para asegurarse que no viniera algún auto. Recuerdo que secuenciamos el reconocer la orilla de la vereda y el mirar desde ahí hacia los lados (al menos 2 veces por lado). Caterina se lanzaba primero a la calle y cuando iba más o menos en la mitad de la calle recién miraba hacia los lados. Fueron meses de práctica.

Intencionamos arrendar un departamento en vacaciones, que quedaba frente a un almacén, entonces todos los días ella practicaba cruzar la calle para ir al almacén por algún pedido.

Fue entonces cuando entendí que debía retomar mi práctica de peatón y dejar el automóvil de lado. Enorme desafío, después de años de comodidad. Retomar el sistema, ubicar recorridos, contar con otros tiempos de transporte, asegurarse de contar con la tarjeta, ubicar puntos de recarga etc…. ¿Alguna otra opción para mi hija?….NINGUNA.

En la convicción real de que los padres no somos eternos este es el único camino de autonomía para mi hija y por ende que ella conquistara el manejo del transporte público. A ratos fue divertido: andar con Caterina era lo más cercano a andar con una monja. Automovilistas que paraban a preguntarnos si nos podían llevar, mucha gente en la micro ofreciéndole a Caterina el puesto, darle preferencia a ella para subir y un sinnúmero de actitudes sobreprotectoras que fueron instancias de reflexión en nuestros recorridos.

Un tiempo fue acompañada Caterina por una profesional con la que aprendió recorridos en metro y micro. Ello ayudó, sin embargo mi rol de mamá fue fundamental en el proceso. Reconocer sus dificultades, ver como viaje tras viaje algún aprendizaje se iba asentando ,ayudó a concretar mis miedos y a su vez ver cómo ir dando fin a ellos.

Su entrada a la Universidad marcó para mi un cambio de etapa y ya no pude negar la urgencia de una necesidad evidente de autonomía de Caterina. Mi problema: La orientación espacial de mi hija claramente no era su fuerte. Nos cambiamos de casa para poder acceder más fácilmente a locomoción. Caterina necesitaba de 2 micros para llegar a su Universidad.

Fue entonces que decidí sistematizar la práctica de andar en micro, con el objetivo que ella logre autonomía para ir y volver a su Universidad. Caterina no tenía motivación por aprender a andar en micro (claro en el auto con su madre o padre era mucho más cómodo). Esto hacía aun más complejo el proceso porque a regañadientes teníamos que partir a andar en micro.

Así pasamos importante tiempo en los meses de verano andando en micro, aprovechando un Santiago semi-vacío y una locomoción pública que aunque con poca frecuencia por la época de vacaciones, también estaba descongestionada.(Lo que ayudaba a ver mejor el recorrido a aprender).

El calor sofocante no ayudaba. Pero había una necesidad imperante que tenía límite. No podía seguir segada frente al futuro de mi hija y aunque  significó luchar con mis sentimientos de sobreprotección tenía que hacer proceso en ello. Enseñarle y reaprender yo misma qué número de micro debe usar y hacia qué dirección fue lo primero.

Dónde están los paraderos y cómo parar la micro. Leer el visor de la tarjeta para saber el saldo. Ser amable y saludar al chofer. Dónde sentarse, dónde afirmarse si no hay asiento. No sacar el teléfono para evitar robos. Reconocer puntos de referencia en los recorridos. Dónde pararse para bajar. Dónde tocar el timbre para anunciarle al chofer que debe parar , cómo y cuantas veces tocar el tímbre, qué hacer si el chofer no escucha el timbre etc…. Así es como muchas veces luego de hacer el recorrido en micro, tomamos el auto y “repasábamos” puntos de referencia.

Al fin llegó el día….Caterina me dijo que se sentía lista para ir sola, yo lo comprobé un par de veces en la que noté que ya contaba con las herramientas básicas para partir.

El compromiso fue que ella me llamaría a la hora de salida. Llegó la hora y noté que Caterina tenía su celular apagado. Llamé a la Universidad y me aseguraron que ya había salido…. Casi una hora estuve rezando que estuviera bien y que me diera alguna señal.. Entre angustia y llanto me ayudó recordar a mi amiga Ana María, que con toda calma desde Chile, daba indicaciones a un buen hombre que encontró a su hijo Cristóbal ( Tb con síndrome de Down) perdido en el aeropuerto de Miami , y le daba indicaciones a cual puerta de embarque acercarlo, percatándose entonces que el servicio de asistencia de asafatas había fallado.

Finalmente Caterina me llamó…se había distraído con unos compañeros y se perdió. Había apagado el celular para no gastar batería….. Pero logró recordar lo siguiente: “Si te pierdes vas a una esquina y lees los carteles de los nombres de las calles”.

Prendió su teléfono y así lo hizo. Recuperé el alma y fui a la intesección de calles que ella me indicó…ahí estaba.

Al subirse al auto me dice “Bueno mamá, echando a perder se aprende….”

Así fue. Los errores sirvieron para aclarar cosas. Cumplir compromisos, es decir “si quedamos en que me llamarías antes de salir, lo debes cumplir”, “nunca debes apagar el celular”, “no cambiar al menos al principio el recorrido planificado.”

Hoy fue el gran día….Había que atreverse nuevamente, sacarme los miedos y confiar. Esta vez ella si me llamó al salir de la Universidad….cumplió con su compromiso. Con el alma en un hilo la volví a soltar…

¡Hoy Caterina lo logró! Demostró una vez más que no existen límites, que la autonomía tiene que ver con perseverancia, con acompañamiento , con procesos, pero por sobre todo con mi creencia. Ambas lloramos en un abrazo de reencuentro en casa. Ella conquistó un paso más de su libertad y yo derribé otro miedo.

Ahora toca definir un segundo destino….Santiago nos espera y el tiempo es finito.

Karin Schröder, abril 2015