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Lo que es más difícil requiere de más … (no de menos)

Recuerdo el caso de un chico de 7 años con síndrome de Down ya hace muchísimo tiempo atrás, que sus profesores estaban muy preocupados porque el niño cuando entraba al colegio se distraía con los juegos infantiles que había en el patio del colegio y no continuaba su camino a la sala de clases. Al parecer no había nadie que pudiera convencer al niño de salir de los juegos para llegar a la hora a la sala de clases.

La estrategia que usaron entonces fue ocupar otro camino alternativo.

Creo que si bien se cumplió con el objetivo de que el niño llegar a la hora a clases se evadió un objetivo mucho más trascendente que es contener el impulso de ir a jugar en un momento inadecuado, y hacer caso al adulto.

Es bien frecuente que reaccionemos de esta forma…es lo más práctico y rápido, pero está muy lejos de ser la mejor opción.

Si le cuesta inhibir su impulso, hagamos más frecuente la experiencia de pasar delante de los juegos, pongamos consecuencias claras, anticipemos lo que va a pasar antes de recorrer el camino y demos refuerzo positivo cuando resulte, haciendo público el logro. Usemos tablas visuales de apoyo, como por ejemplo: “Si logras llegar a la sala sin pasar a jugar por los juegos marcamos una estrellita en la tabla” (a las 7 estrellitas habrá algún premio, comunicación positiva a la casa, rol de repartir algo preciado por el curso etc…)

Esta actitud de quitar estímulos o posibles aprendizajes se da a toda edad. Por ejemplo, son pocos padres que permiten que sus hijos con síndrome de Down , mayores de 13 años, cuenten con una cuenta de Facebook. Efectivamente existen muchas variables válidas que influyen en esta real aprensión. Sin embargo, una vez más, si es complejo el aprendizaje, ofrezcamos más proceso, más acompañamiento. Enseñemos desde temprana edad términos relacionados a lo privado y lo público, lo adecuado e inadecuado. No dar a cualquiera la dirección, peligros y riesgos de internet, etc…..

Creo que  si tu hijo o hija, ha pasado por una mala experiencia en internet,   que eso sirva de aprendizaje, proceso para el autocuidado, y  muchos otros aprendizajes relevantes para la vida independiente.

No creo que sea bueno coartarle o suspender un aprendizaje tan relevante para cualquier joven hoy. Las nuevas tecnologías son  una gran herramienta de comunicación y redes. Lo importante es   acompañarlo, hacer proceso aunque sea pasito a pasito. Aunque sea más vulnerable, aunque se equivoque…(que a su vez es aprendizaje)

Algo similar ocurrió un día , relacionado a temas de sexualidad. Una profesora me preguntó cuánto del contenido del currículum común del curso creía que debía abordar con mi hija. Mi respuesta fue tajante: “Si con el curso abordas N, con mi hija N + . Adaptando conceptos abstractos a concretos, con ejemplos claros, por más tiempo y mayor claridad”. ¡De ninguna manera menos!. Sólo así podremos avanzar en temas de autoconocimiento, autocuidado y autodeterminación. Ella crece y nuestro deber es acompañarla en ello. La compañía de esto debe hacerse en casa con sistemáticas conversaciones y aperturas de temas usualmente tabú.

Sucede la misma dinámica cuando se coarta la posibilidad de estudios superiores. Las pocas personas con síndrome de Down, que han tenido el privilegio de finalizar la secundaria van  directo a lo laboral…. (con suerte)

Es extraño el patrón común pareciera ser: dificultad de aprendizaje =  menos  oportunidad de aprendizaje… ¿?

El sentido común debiera apuntar a lo contrario: dificultad de aprendizaje =  + oportunidades de aprendizaje.

A menos que creamos que hay personas que dejan de aprender…. Ya está demostrado científicamente que esto es un “neuromito”.

O lo que es igual de reprobable: la educación cree que habrá que apoyar sólo a los que destacan en sus capacidades intelectuales… ¿?

¡Por una sociedad más humana y más justa, esto necesita cambiar! Estamos responsabilizando a las personas con síndrome de Down de no poder aprender cuando es nuestra responsabilidad creer en ellos, acompañarlos , respetar su ritmo, ofrecer oportunidades y cumplir con su derecho a ser educados, durante todas las etapas de su vida.

Karin Schröder

Aprendizaje y Prejuicios (El cómo incide nuestra creencia en las oportunidades)

Si bien hemos avanzado en ofrecer oportunidades de aprendizaje aun existen muchas cosas que hacemos los padres, madres y profesores  sin siquiera cuestionarnos que estamos actuando, sin duda alguna llevado por nuestras mejores intenciones, pero tintados al 100% por nuestros prejuicios.

Así es como aun es bastante frecuente escuchar  e incluso que especialistas recomienden, que los niños con síndrome de Down deben entrar con 2 años de desfase al colegio. Es decir que de base , y por la única razón de tener síndrome de Down, no le doy la oportunidad de integrarse con los niños de su edad.

Yo no niego que es posible que exista un numero de niños o niñas que por madurez sea recomendable que entren uno o dos años más tarde al jardín o colegio. Lo que me parece nefasto es que estandaricemos partiendo de la base que todos son iguales, negando una oportunidad o más bien un derecho, tintado por prejuicios de una condición.

Si admisión dice  que recibe a 3 años, esa oportunidad debe ser por derecho, para todos. Habrá que analizar caso a caso quién está preparado para comenzar en qué nivel, un proceso de escolarización.

 

Otro ejemplo que sucede bastante frecuente es que cuando nos vemos enfrentados a ciertos aprendizajes como control de esfínter, en vez de adelantar procesos, los atrasamos. “Comience con eso a los 3 años…si tiene síndrome de Down”…recomienda el pediatra.

…NO , ¡todo lo contrario! ¡Comience el verano que cumple 1 año! Todo depende cómo lo haga: obviamente evitando es stress, que sea algo lúdico y entretenido para el niño o niña. Será proceso ganado si se comienza antes. Cada niño o niña tendrá su ritmo de aprendizaje. Alguno se demorará más que otro, ¡pero todos lo logran!

Si este año no lo logra ya habrá hecho camino y proceso para el año que sigue. Como bien dice el refrán : “no temas ir despacio sólo teme no avanzar”

El adulto ofrece la oportunidad, acompaña con cariño , mucha paciencia  y perseverancia.

Si con sus otros hijos comenzó al año, ¡no prive a su hijo con síndrome de Down del mismo derecho!

 

Recuerdo un señor que se me acercó un día orgulloso de su hijo con síndrome de Down que a los 2 años, “tan tierno” lo mordía. Mi reacción inmediata fue: “Señor, si otro hijo suyo lo mordiera a esa edad ¿usted también le celebraría esa conducta?”

El señor quedó muy pensativo y respondió negando esa posibilidad.

¡Ponga límites claros caballero!  A los 5 años, (que pasa muy rápido) ya no será tan divertido que su hijo le muerda, y tendrá mucho trabajo en desestructurar un aprendizaje inadecuado.

No porque tenga síndrome de Down debo tener otras normas o debo ser más permisivo. ¡Todo lo contrario! A más claras las reglas más fácil el camino. Que si es tosudo , bueno ,yo adulto lo seré más con mis reglas. NO transaré. Seré claro y existirán consecuencias.

Alabaré lo bueno y daré señales claras frente a lo positivo. No sólo diré “esto no se hace”, sino que acompañaré esa enseñanza explicando con claridad cómo sí se hace.

Muchas madres o padres no perseveramos , y para evitar la “pataleta” damos el dulce u otros beneficios. El niño entiende claramente el mensaje:

Pataleta = beneficios.   ¡Lo peor es evitar conflicto y flaquear  en límites!

El niño o la niña debe además entender que el adulto es la autoridad. Es decir: si la norma por ejemplo es ver televisión una hora al día, la televisión se apaga a la hora.

No caigamos en  estrategias como desenchufar la tele y decir al niño que se echó a perder la televisión.

El adulto manda, él adulto pone las reglas.  Si bien la reacción del niño en un principio  puede que sea llorar y hacer pataleta, el que el adulto ponga límites a largo plazo le dará mucha seguridad. Que su llanto no vulnere tu norma.

Habrá que sobrevivir a la ignorancia del vecino  del amigo  o de la abuelita, que juzgue desde sus prejuicios “Pobre angelito, cómo sufre con esa mamá tan bruja”

Todo niño necesita normas…con mayor razón las necesita un niño con síndrome de Down. Es su derecho y mi deber poner límites. Los límites los pones en tu tono de voz, en tu seguridad. Refleja cariño y firmeza. ¡No lo sobreprotejas ni creas que no entiende! Mi conclusión después de muchos años en esto, es que los que no estamos entendiendo, somos los adultos.

Karin Schröder

Ángela Bachiller, primera concejala con síndrome de Down

Gran revuelo ha causado la noticia también en Chile, relacionada a la primera  concejala con síndrome de Down, en España. Algunos asombrados otros más bien incrédulos frente a las posibles capacidades reales de Ángela de asumir un cargo político. Sobre todo en nuestro país, cuando se cuestiona aun, desde la enorme ignorancia, si acaso siquiera puede aprender a leer una persona con síndrome de Down. ¡Cuánto nos queda por aprender! Mi reflexión sin embargo hoy quiere ir más lejos que las posibles capacidades de Ángela. Lo que se hizo, a mi modo de ver, es validar públicamente la calidad de ciudadano de las personas con síndrome de Down. Independiente de cualquier capacidad (que no dudo que Ángela las tenga con creces), fue validar que su opinión cuenta. Que ella, con o sin mediación, sabe lo que es bueno y lo que es malo y tiene derecho a expresarse y ser tomada en cuenta. De seguro que habrá mucho que aprender de Ángela. Para partir habrá que aprender el respeto y poner en práctica muchos valores que especialmente en política suelen olvidarse…. No nos quedemos en pequeñeces, el tema no es la capacidad de Ángela, el tema es lo que España le está diciendo al mundo: “Ella cuenta, ella es parte dé, ella nos interesa, ella no es invisible, ella tiene algo que contarnos”. No podemos reducir a las personas con síndrome de Down a cierto nivel de capacidad intelectual . Ellos son ciudadanos con derechos y responsabilidades, tienen sueños, intereses, motivaciones, emociones y capacidades diferentes. Algunos detractores de esta acción dicen tener cuidado con engañarse frente a las capacidades supuestas en Ángela, que ella no es más que una excepción que cae fuera de la regla. GRAN ERROR  que revela una mirada muy estrecha frente a lo que se entiende bajo una persona con síndrome de Down. Al contrario, mi convicción va por tener cuidado de taparse los ojos ante una inminente realidad , que comienza a destapar las injusticias generadas por los contextos, que han prejuiciado históricamente las capacidades reales de la gran mayoría de las personas con síndrome de Down. Contextos que han determinando además la  participación ciudadana de personas con síndrome de Down, con el  indicador prejuiciado injustamente estático, llamado CI.  ¡Es hora de reconocer nuestra gran discapacidad!  Una sociedad inclusiva refleja la valoración de TODOS y cada uno de sus participantes. No considerarlo manifiesta prácticas discriminatorias. Después de todo la gran mayoría de los ciudadanos tampoco llega a ser concejal . ¡Enhorabuena lo ha hecho alguien con síndrome de Down!

Karin Schröder

Día Mundial del síndrome de Down ¡El tercer cromosoma es necesario!

El síndrome de Down es una condición genética de algunos seres humanos que posibilita que aquellos seres humanos que están a su alrededor aprendan a  reconocer lo escencial para vivir mejor.

En mi experiencia la descripción de una persona con síndrome de Down debiera ser mucho más amplia que sus rasgos físicos y/o genéticos.  Lo que sigue, además avala con creces la necesidad de recorrer caminos inclusivos hacia una sociedad mejor.

Por tanto mi definición contempla con urgencia lo siguiente:

El síndrome de Down es una oportunidad para:

  •  vivir más lento y ejercitar  nuestra habilidad para ser más pacientes.
  • reconocer al que está a tu lado como persona y a preocuparte por ella más lejos de la llamada el día de su cumpleaños.

El síndrome de Down:

  •  te enseña a mirar profundamente y conectarte desde el alma con otros.
  • te ofrece validar mejor al otro y generar mejores vínculos.
  •  te enseña a callar y dar más tiempo para escuchar y legitimar a los que están a tu alrededor.
  • te invita a descubrir que la solidaridad es bi-direccional
  •  te convoca a encontrar tu vulnerabilidad y ver todo lo que ganas con ser humilde.
  • te habitúa a trabajar en equipo.
  •  te ofrece reconocer la diferencia de todos como una enorme riqueza que se complementa a la perfección.
  • te muestra el valor de la incondicionalidad y la necesidad que hay de ella en el mundo.
  • te ilumina y muestra lo que realmente significa el éxito.
  • te reafirma la convicción de que todas las personas pueden aprender, partiendo por ti.
  • te hace valorar los procesos de toda la gente que te rodea y respetar que todos tenemos diferentes ritmos, te ofrece ampliar tu capacidad de ser menos impulsivo.
  • te hace vivir la experiencia de lenguajes comunes que trascienden fronteras.
  • te invitan a vivir la experiencia de compartir lo mejor, sin temor a que te quiten algo, demostrándote que compartiendo sólo sumas.
  • te anima a quitarte tus miedos y te prepara para comprometerte.
  • te ayuda a validar los errores de los adultos y te enseña  el valor de perdonar y perdonarte.
  •  te demuestra que la sabiduría no consiste necesariamente en ser especialista, sino lograr que con tu especialidad no olvides  ver el todo.
  •  te invita a entender que el concepto de calidad es proporcional al concepto de diversidad.

¡El tercer cromosoma no sólo es Extra sino NECESARIO!

No por nada el síndrome de Down es visible y reconocible fácilmente. De seguro Dios a intencionado esto facilitando su identificación en nuestra sociedad.

Ahora que sabes de qué se trata el síndrome de Down, tienes la opción:

¡Te acercas o te la pierdes!

Karin Schröder, Marzo 2013

Sugiero entrar en este enlace relacionado al 21 de marzo (21 en el par 3): ¡Excelente iniciativa!

http://downberri.org/2013/02/18/dia-mundial-del-sindrome-de-down-el-doodle-de-google-para-el-21m/

La sociedad como “factor riesgo”, (empoderar a nuestros hijos desde su autoconocimiento)

Caso 3:

 Aquí voy con el tercer ejemplo que atañe especialmente a las herramientas que necesitamos ir proporcionando a nuestros hijos e hijas con síndrome de Down, frente a una sociedad como “factor riesgo”.

Acompañamos con Caterina a Natalia (mi segunda hija) al quinesiólogo. Colindante a la sala de espera había una máquina de galletas, chocolates, jugos y bebidas.

Caterina tenía mucha hambre, luego de un agotador día de clases, por lo que le pasé un billete de mil pesos para que fuera a elegir y comprar algo a la máquina.

Fue cuando se encontró con una simpática señora que al verla no dejó pasar ni un segundo para ofrecer ayuda a Caterina. Por supuesto mi hija accedió inmediatamente al ofrecimiento de la señora, que tan amablemente no se daba cuenta del daño que estaba produciendo al no darle la oportunidad a Caterina de enfrentarse y resolver el problema de comprar algo sola.

Yo, desde lejos, escuchaba a la señora que además de elevar la voz de manera exagerada con Caterina, parecía en su tono de voz que le hablaba a una niñita de 2 añitos. De manera intencionada me contuve  y no intervine.

Sin embargo cuando mi hija volvió  a mi lado, comenzó mi mediación:

“Caterina: ¿Qué pasó ahí con la señora? ¿Pudiste intentar de compara sola o la señora te ayudó de inmediato al verte? ¿Crees que la señora me hubiera ofrecido la misma ayuda a mí? ¿Porqué crees que te ayudó a ti? ¿No crees que fue discriminación positiva? ¿Crees que esa persona crea que las personas con síndrome de Down pueden comprar solas una bebida en la máquina? ¿Lo crees tú? ¿Qué puedes hacer la próxima vez?

Conclusión de la conversación: “Es tu responsabilidad, también pensando en el resto de los niños que hoy están naciendo con síndrome de Down, que tu respondas: “Gracias señora, yo puedo hacerlo sola””.

Los cambios sociales se generar a partir de la singularidad de cada persona, o sea también y especialmente en este tema, a partir de cada uno de ellos.

Por supuesto que la conversación anterior es parte de un proceso familiar que hemos llevado a cabo, en el que mi hija paso a paso a integrado sus características, intereses, capacidades, ventajas y desventajas con su síndrome de Down.  Enfocado de manera progresiva también, de acuerdo a su proceso individual y muy lentamente en las barreras que su entorno le va poniendo. En el proceso le hemos ido poniendo nombre por ejemplo a actos de discriminación positiva: “Cate, eso se llama discriminación positiva”

La experiencia me está demostrando la importancia de cuidar desde muy pequeños la autoestima.(Como en todas las personas). “Tú, al igual que yo, somos diferentes y existe una gran variedad de características, formas de pensar, capacidades, intereses entre las personas. ¡Eso hija es una enorme riqueza! Podemos acompañarnos todos y avanzar a partir de esas diferencias. El que tú tengas síndrome de Down me ha ayudado mucho a mí también. Por ejemplo tengo más paciencia. He aprendido a escuchar mejor. Soy mucho más flexible, lo que mejora mi calidad de vida, cambié mi forma de entender el éxito y con ello me apegue al mensaje que nos quiere entregar Cristo., vivo de manera más consciente y lenta. Sé enfocar en las prioridades de vida. etc…etc…

Variedad = riqueza. Diferencia = TODOS.  Diferencia +  Inclusión = Riqueza

Otro día sucedió una situación similar:

Subimos a la micro (transporte público) y al ver una señora a Caterina , de inmediato le cedió el asiento. Yo sólo la observaba a mi hija feliz y agradecida de la simpática señora , que sin ninguna mala intención dejó a Caterina sentada de pierna cruzada por los breves 10 minutos de trayecto a casa de  su abuela. Me costó contener mis emociones. Una vez más la señora coartaba la oportunidad de ser ciudadano común y corriente a mi hija, que no tenía absolutamente ningún impedimento para irse de pié en el autobús, al igual que otras 30 personas en el mismo lugar.

Nuevamente al bajarnos la conversación: “ Oye Cate: ¿Qué te pareció esta señora que te dio el asiento a ti? ¿No hubiera sido más lógico que ella se quedara sentada si era mayor….o por último que me lo hubiera cedido a mí? ¿Por qué crees que te lo cedió?

¿Crees que tiene relación a que ella tal vez crea que personas con síndrome de Down no puedan ir de pié en el autobús? ¿Qué crees tú respecto a eso? ¿No crees que hubo discriminación positiva?¿Qué puedes hacer la próxima vez?

Conclusión: la próxima vez que surja una situación similar la respuesta será “ Gracias señora, yo puedo ir de pié sin problemas”.

Paso a paso se puede. Cada niño, niña o joven de acuerdo a su etapa de desarrollo y características e historias individuales. Abriendo conversaciones respecto a lo que significa tener síndrome de Down y lo que pueden ir haciendo ellos mismos en su realidad. Eso si, primero debemos tener claro nosotros qué pensamos al respecto. ¿Nos reconocemos diferentes? ¿En qué? ¿Vengo a entregar mis diferencias o mis igualdades al mundo?¿Sólo le enseño yo a mi hijo o mi hijo también me enseña a mi? ¿Qué me viene a enseñar? ¿Quién es vulnerable?

Día tras día veo con mayor claridad el factor riesgo, que mucho más de estar en el síndrome de Down, lo está en nuestra sociedad. Es más simple ,sano y real, empoderar a nuestros hijos en su  maravillosa diferencia ,que exigir a una sociedad completa que vea lo que se pierde cuando no se detiene frente a la riqueza de la convivencia inclusiva.

Despacio voy de prisa. Si aun crees que  tener síndrome de Down es un problema y no una característica más en un ser humano como tú y yo, el factor riesgo lo llevas tú.

Habrá que generar redes adecuadas para avanzar en esto. Yo tampoco lo aprendí de un día para otro.

Karin Schröder

Nuestras redes frente al “factor riesgo” (Clave para lograr el equilibrio)

Caso 2:

Aquí voy con el segundo ejemplo que atañe especialmente a la necesidad de armar redes diversas y adecuadas, que sean , acogedoras , equilibradas y objetivas.

Cuántas veces nos hemos encontrado frente a personas que representan enormes “factores de riesgo” para construir una comunidad inclusiva. Destrozados salimos de espacios públicos, restaurantes, de reuniones escolares,  plazas o incluso espacios de amigos o familiares. Alguien discriminó a nuestro hijo o hija, alguien no lo consideró, alguien se burló de él o ella. Alguien no ve a la persona que hay detrás de mi hijo o hija, sus sentimientos, capacidades, intereses, emociones etc.…

En esa situación, “cae de cajón” la necesidad de que alguien te acoja y te diga:

“Si, tienes toda la razón, ¡qué malos e injustos fueron con tu hijo/hija”. Llamaremos a este tipo de acompañante: “Acompañante A” (de acogedor).

Este acompañante de vida es necesario:  ese que te diga “Oh, no sé cómo aguantaste” y que empatice con tu dolor y te ayude a odiar al “desgraciado” que nunca vio siquiera el daño que provocó. Para algunos momentos bien. Esos acompañantes te ayudaran a sentirte comprendida  o comprendido en tu dolor. A dividir tu rabia e impotencia. Parte inicial de un proceso de equilibrio emocional importantísimo.

Sin embargo, e igual de necesarios son aquellos acompañantes  que trascienden a esa rabia momentánea y te exigen ver desde lejos, la problemática como una oportunidad.

Llamaremos a estos acompañantes: “Acompañante D” (de desafío).

Estos acompañantes te muestran la cuota de responsabilidad que tu tienes para generar cambios. Ellos, reconocen la dificultad pero no se quedan en ellas, sino que te ayudan a adaptar el camino para encontrar soluciones válidas.

Lo complicado es que generalmente esos cambios suelen partir por los cambios de uno. Es decir, si esto no funcionó, yo soy el primer responsable. Es cierto: ¡Tan complejo ver en el enojo y la impotencia una oportunidad o peor aun, una responsabilidad y un compromiso!

El acompañante D , acompañante inclusivo, es imprescindible. Es aquel que en el peor de los momentos te echará la culpa a ti, y/o te hará responsable de lo que sigue para generar cambios. Es el que te va a incomodar en tu tranquila comodidad.

Ellos te conocen bien y te exigen de acuerdo a su creencia para contigo.

El acompañante D  te ayudará a abrir caminos, pensar en soluciones, buscar fórmulas, y analizar situaciones complejas. No te dejará nunca sólo, pero te dará la pausa necesaria para seguir adelante. Te obliga a frenar, con el objetivo de avanzar.

Te da desafíos y te ofrece una mano para ello.

En mi experiencia, la inclusión funciona mejor si cuentas con ambos acompañantes y se coarta si falta alguno de ellos.

No facilita, por ejemplo, un  Acompañante A , de especialista que constantemente te hable mal del establecimiento en el que tienes a tu hijo. Eso no quiere decir que calle u omita lo que no sea tan bueno. Significa que el especialista necesita ayudarte a encontrar soluciones y  ser facilitador del proceso. Si tengo la convicción de que la Inclusión es el que camino que quiero seguir, tengo que saber encontrar el camino buscando redes de apoyo ojalá del tipo A y D.

Aprovechemos esta reflexión para además agregar acompañantes tipo S (de similar situación), ahí se encuentran amistades con hijos e hijas con síndrome de Down. Ellos te hacen ver que no eres el único que ha pasado por lo que pasas. Son además los que mejor pueden entenderte.

Son aquellos que en una mirada tienen la exacta radiografía (o al menos con bastante precisión) de lo que pasa por dentro de ti. Con ellos disfrutas y lloras con similar intensidad lo que vives. Son los que además pueden entender mejor el factor riesgo que estoy describiendo. Ayudan mucho a no agobiarse y entender que si te equivocas el mundo sigue. Que si hoy no alcanzas a ayudar a tu hijo en la tarea, nada grave pasa.

Por último y sin desmerecer la inmensa cantidad de acompañantes de otro tipo que existen, están los acompañantes tipo E  (de escucha).

Son pacientes, silenciosos y acogedores. Siempre dispuestos. ¡Tan necesarios!

Aquí en mi experiencia está la familia, que vive  y siente contigo, en profundo respeto, lo que vas viviendo. Te acompañan desde el alma y a corazón abierto.

Hay además una persona que cumple con todos los anteriores….en mi caso es mi marido.

De manera transversal acompañamos y nos dejamos acompañar  por Jesús, a través de nuestras hijas en primer lugar. Son ellas las que nos invitan a ver que su individualidad  es magistral y sagrada. Factor riesgo sería no detenerse en ello.

Si crees en la Inclusión como un beneficio, busca tus redes para convertir el factor riego en oportunidad y evita así, convertirte tu mismo en un “factor riesgo”.

Karin Schröder

Lectura Obligatoria

Amigos: Considero el siguiente documento , lectura obligatoria para padres,madres, profesores y especialístas.

“Los bebés con trisomía tienen derecho a vivir.  Necesidad de una reacción ética y perspectivas de habilitación”

Pueden bajar el documento de forma gratuíta de la siguiente página de  Canal Down21, en:

http://www.down21materialdidactico.org/libroelbebe/los_bebes.pdf
 

Ojalá no nos quedemos “pegados en tecnisismos” como en el té verde y los ejercicios secuenciados de lenguaje.

Habrá que preguntarse qué clase de té o qué ejercicios del alma tenemos que hacer aquellos que nos autodenominamos “normales”….